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Una revelacion Divina del cielo Mary Kathryn Baxter.pdf


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Durante días, después de haber sido yo llevada por el Señor al infierno,
estuve muy dolida en mi alma. Mi corazón estaba triste y apesadumbrado
debido a los horrores que había presenciado. Había visto el juicio de Dios
sobre el pecado y sobre la gente que había ido al infierno. Yo oraba
encarecidamente a Dios y procuraba su consuelo.
Después de 31 días de haber empezado estos sucesos, el poder del Dios
omnipotente volvió a caer sobre mí. A las dos de la mañana, un vigoroso
ángel se presentó junto a mi cama. Jesucristo se hallaba de pie detrás de
aquel ángel. Al mirar yo el rostro del Señor, vi que me sonreía pero no me
decía nada.
El poderoso mensajero de Dios me dijo: “Dios me ha dado una misión
especial. He sido enviado acá para llevarte al cielo y mostrarte parte de
este.”
Volvió a hablar después de un rato: “ y mira la gloria de Dios!”
Enseguida, y de forma sobrenatural, fui trasportada de mi casa y me hallé
parada junto al ángel celestial frente a una de las puertas del cielo.
¡La abrumadora belleza de lo que veía a mí alrededor era fascinante! La
ropa del ser celestial parecía una vestidura resplandeciente de luz. El ángel
tenía alas triangulares que relucían con los colores del arco iris. Aunque yo
no estaba sorprendida, sí quedé asombrada por la hermosura indescriptible
de Dios que era evidente por todas partes.
Acto seguido, el ángel repitió una exclamación que yo oiría muchas veces: “
la gloria de Dios!”
La magnífica puerta que estaba ante mí en su es plendor estaba hecha de
una perla sólida.
Con admiración contemplé todo lo que pude de ese hermoso panorama.
Hasta ese punto, no había visto al Señor por ninguna parte, mas me
hallaba totalmente extasiada por la gloria del cielo.

LA ENTRADA EN EL CIELO
Cuando llegamos allí, dos ángeles de gran estatura estaban fuera de la
puerta. Ambos llevaban vestiduras relucientes y tenían una espada en la
mano. La cabellera de ellos era como de hilos de oro y sus rostros
resplandecían.