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Juegos de caja .pdf


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o2

el observador
Domingo 4 de setiembre 2011

juegos

3

Gaming nights, jugadores uruguayos
por amor al arte del juego de caja
Desde hace unos pocos años, un grupo de personas del país se reúne una noche por mes para jugar
a juegos de caja en grupo como Pandemic, Power Struggle, Zombie Fluxx, Gloom o Ticket to ride
Andrea Durlacher 

p especial para El Observador

l juego Ciudadelas
estaba arriba de la
mesa, envuelto en
nailon. Su dueño,
que hasta ese momento no había aparecido, lo dejó allí para
que lo estrenara quien tuviera
ganas. Un chico que quería jugar lo buscó, pero no tuvo éxito
y resolvió estrenarlo. En la sala
había pocas mujeres y muchos
hombres. La luz blanca iluminaba las mesas de jugadores
que parecían de entre 20 y 30
años. Una de las mujeres, por
lo cuasi punk, parecía haberse
vestido para interpretar el protagónico de la película La chica
que soñaba con una cerilla y un
bidón de gasolina, de la trilogía
escrita por Stieg Larsson, llevada recientemente al cine.
Mientras el juego Ciudadelas vivía su estreno, apareció un
chico de unos 20 años para presenciarlo, como un docente de
un taller que pone una consigna
a sus alumnos y después va de
mesa en mesa para verlos trabajar. Se llamaba Jong, y era coreano a medias. Se compró el juego
Ciudadelas en un viaje. En un
acto de doble generosidad, no
solo estaba viendo cómo otros
lo estrenaban sin preguntarle
nada sino que, además, en otra
mesa estaban jugando con otro
juego suyo y debía esperar a que
todos terminaran, porque quería irse a la casa temprano (y ya
eran casi las dos de la mañana).
La iniciativa surgió de dos
amigos, el “Foca” (Nicolás Sanguinetti) y “Nacho” (Ignacio
Facello). Se habían mudado
juntos y, por razones laborales, en 2008 hicieron un viaje
a Los Ángeles. Como a los dos
les gustaban los juegos de caja,
decidieron ir a una tienda especializada a comprar algunos.
Cuando volvieron a Uruguay,
llamaron a unos amigos y ar-

E

¿Qué hace falta
un sábado de
invierno?
Pandemic, Power Struggle, Zombie
Fluxx, Gloom, Ticket to ride: esos son
los nombres de algunos juegos de
caja y que se llevarían el sábado a la
noche de agosto de decenas de uruguayos agrupados por su afán lúdico.
La mayor parte de ellos abandonaría
el recinto a la mañana siguiente. Esa
noche el frío que afuera era polar, se
hacía sentir en la sala tipo barbacoa,
del tamaño de un gimnasio, ubicada
en Soriano casi Ejido. Sin embargo,
los jugadores no se preocupaban por
nimiedades. Más valía disimular el
frío: en un contexto en el que la gente
está tan ocupada que no piensa en
las pequeñas demandas del cuerpo,
el que demuestra atenderlas puede
parecer un poco blando.

Uno de los integrantes de las
gaming nights tiene 336 juegos
maron la primera gaming night
en su casa. Desde ese momento,
empezaron a comprar juegos en
cada viaje o a pedirlos por correo. En cuanto a las gaming
nights, al principio eran irregulares pero la cantidad de interesados y de juegos fue creciendo,
hasta que se convirtió en una
actividad mensual. Las primeras veces se encontraban en la
casa del Foca y de Nacho, o en la
de algún otro participante. Pero
ya hace más de un año que las
casas quedaron chicas, por lo
que empezaron a alquilar un lugar. Para pagarlo, cada jugador
pone la cantidad de plata que
quiere/puede en una caja, sin
que nadie lo controle. El grupo,
cuyas actividades se coordinan
a través de Facebook, se junta el
tercer viernes o el tercer sábado
de cada mes.
Como las gaming nights no
son privadas, pueden surgir
dudas sobre el tipo de gente

que va. En la sala de juegos, ese
sábado de agosto, nadie parecía preocupado por molestar al
otro y había un clima de confianza que se demostraba, por
ejemplo, cuando todos dejaban
sus juegos en manos de personas que conocían poco y nada.
De hecho, cuando Ignacio explicó las peores consecuencias
de hacer de las gaming nights
un evento de entrada libre, el
cuento distó mucho de los que
se ven en las noticias policiales:
“Hubo alguien que a mitad de
un juego se levantó y dijo muy
lindo, pero me voy a probar otra
cosa, eso es algo que nunca se
debe hacer, porque le arruinás
el juego a las otras personas; y
hubo alguien que se aburrió
y no solo se fue, sino que al levantarse mezcló todas las piezas del juego, de manera tal que
los otros jugadores ni siquiera
pudieron seguir. Afortunadamente, ninguna de estas dos

personas ha vuelto a ir”.

No todos los juegos llegan
“Los juegos no llegan porque
no hay un mercado. O tal vez
no hay un mercado porque no
llegan. Ese tipo de cosas tienden a retroalimentarse”, comenta Facello, que considera
que en el imaginario uruguayo
los juegos de caja son para niños o se usan solo en función
a actividades sociales, como el
Pictionary o el Trivial Pursuit.
“El uruguayo promedio es
extremadamente conservador,
y eso se nota también en esto”.
El precio también pesa. Los
juegos que le gustan a Ignacio,
comprados en el exterior y sin
tener en cuenta el costo del envío, suelen valer el doble que los
que se venden en los supermercados y jugueterías uruguayos.
Pero el precio más bajo de los
clásicos no solo tiene que ver
con las ventas masivas.

“Hay un tema de calidad de
componentes. Hace no mucho
vi en lo de mi hermana una copia de uno de los muchos juegos
de preguntas estilo Trivial Pursuit que se consiguen en el mercado local, creo que el juego era
El Uruguay es Oro. Las cartas
eran transparentes, apenas más
gruesas que una hoja de papel
de impresora, eso permite que
los precios sean más bajos”.
La conclusión de Ignacio
puede resultar pesimista
pero razonable: el vendedor
uruguayo se debate entre un
juego que cuesta el doble y no
sabe si venderá, versus uno
más barato que históricamente siempre se ha vendido. El
comprador uruguayo atraviesa casi la misma disyuntiva,
entre un juego que ya conoce y sale $ 300 y otro que no
conoce y que sale $ 800. En
ese juego, gana el camino más
seguro. l


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