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revista

LA VANGUARDIA

DOMINGO, 29 DICIEMBRE 2002

la contra

Víctor Amela
Ima Sanchís
Lluís Amiguet

Janne Haaland Matlary. Tengo 43 años: soy más feliz ahora que a
los 20. Nací en Mandal, Noruega. Casada: he tenido cuatro hijos en seis años.
Fui viceministra de Exteriores hasta hace año y medio. Soy la responsable
de dar un destino ético a los cien mil millones de euros del Fondo del Petróleo
Noruego. Soy catedrática de Relaciones Internacionales. Soy católica y
explico por qué en “El amor escondido” (Belacqua). Soy neofeminista: ni
competir con ellos ni ser igual, porque en muchas cosas somos mejores

“Sin ayudas, los españoles
Por Lluís Amiguet

S

e puede subir el índice
de natalidad de un
país sólo con subvenciones a la familia?

Si en Escandinavia
tenemos una tasa de natalidad mucho más alta que la española es porque damos subvenciones a la familia. Eso está claro.
Pero si alguien quiere o no tener
hijos, los tiene o no los tiene con o
sin ayudas del Estado...

Ese no es el planteamiento. Lo importante es que tener hijos es un derecho humano tan irrenunciable como el derecho al trabajo y la sociedad debe garantizar ambos. Tiene
que poner los medios para que esos
derechos sean realizables. Eso que
vaya por delante: ninguna mujer
puede ser obligada a elegir entre su
carrera o sus hijos. Son dos derechos compatibles que se pueden
ejercer siempre.
Comprendido, pero una cosa es
el derecho y otra el hecho... económico.

El principal problema para las parejas jóvenes que quieren tener hijos
hoy es que no tienen bastante dinero para mantenerlos y esa angustia
y esa inseguridad les disuade de la
paternidad. Si se les garantiza un
mínimo, sin duda subirá la natalidad en España como en Escandinavia.
Pero no sólo es dinero, ¿no?

Facilidades en general. Por ejemplo, en Noruega la ley garantiza un
año de baja con sueldo tanto a la madre como al padre...
¿Al padre también?

Pues claro. No todo el trabajo lo debe hacer la madre. Pero al mismo
tiempo, el Estado obliga al padre a
coger por lo menos dos meses de baja por paternidad. Ese carácter obligatorio de la baja paterna es muy importante porque obliga al empresario a respetar esos plazos.
¿Y después?

Mientras el niño es menor de tres
años si uno de los padres quiere quedarse en casa, tiene el derecho de
percibir un subsidio de 700 euros
mensuales por hijo. Pero incluso es
más importante la garantía por ley
de su puesto de trabajo durante esos
tres años.
Imagino que cada vez les costará
más mantener esos privilegios.

¿Privilegios? Le recuerdo que son la
garantía de un derecho humano.
A veces ser muy garantista tiene
un efecto contraproducente...

¿Qué quiere decir?
Para evitarse esos costes, los empresarios pueden tener la tentación de no emplear posibles mamás.

Eso es cierto. Hoy se presiona a las
mujeres para que no se queden em-

“La felicidad incluye la de ver a tus hijos crecer”

FOTOS: PEDRO MADUEÑO

LA VANGUARDIA

DOMINGO, 29 DICIEMBRE 2002

revista

8/9
“Decir que podemos
reemplazar a nuestros
hijos por inmigrantes
es reaccionario
y retrógrado.
Tener hijos es un
derecho humano”

“En Noruega, son la
izquierda y los
movimientos
alternativos más
avanzados quienes
defienden el derecho
a más de tres hijos”

“¿Tener a los hijos en
casa hasta los 40?
¡Ah, no, no! En
Noruega los padres
dejan de mantener
a sus hijos cuando
cumplen los 18 años”

“Ahora soy la
responsable de las
directrices éticas para
decidir dónde invertir
el fondo del petróleo:
cien mil millones
de euros”

“He defendido
inversiones en
energías renovables
y ¿por qué no?
en iniciativas
de microcrédito y
desarrollo en África”

no tendrán más hijos”
barazadas o que no tengan tantos hijos. Quizás sea tolerado, aunque es
ilegal. Pero además de los límites
empresariales, están los que marca
la propia ambición, aunque sea una
ambición muy sana. Por ejemplo, si
eres abogada y quieres montar tu
propio bufete, no puedes pedirte la
baja por maternidad, quizás una
vez sí, pero no dos veces. De modo
que la presión del rearme capitalista que vivimos está presente incluso en el sistema noruego, como sabe
uno de los más avanzados del mundo en este terreno.

quierda y los movimientos alternativos más ilustrados y avanzados
quienes defienden el derecho a tener más de tres hijos.

y has terminado de estudiar, el Estado te ofrece un crédito de 40.000
euros y una beca. El crédito lo tienes que devolver.

¿Por qué?

Chicos con suerte los noruegos...

Porque, para estos ciudadanos, la familia y la tasa demográfica no es un
factor más en el cálculo de costes laborales como para la patronal. Los
ciudadanos más conscientes saben
que tener hijos es parte de su realización como personas y no es algo que
pueda ser decidido por el mercado
de trabajo.

Pues yo creo que deberíamos darles
más facilidades todavía para que
puedan tener dos o tres hijos cuando son jóvenes y así podrían devolver el crédito después de los 40.

Hay mamás empleadas que tienen más facilidades que otras...

Y usted, ¿qué ha defendido en su
partido y en el Gobierno?

Sí. Por ejemplo, en la Administración y el sector público, bajo escrutinio continuo de la opinión pública,
todas esas garantías y subvenciones
se obtienen y defienden. Pero si trabajas en una empresa privada, las
posibilidades se reducen o, acogotada por la posibilidad de perder tu
empleo o tu carrera, las reduces tú
misma.

La principal beneficiaria de las ayudas y apoyos debe ser la mujer porque es la más discriminada; por eso
creo que cualquier mujer europea
que sea despedida o simplemente se
sienta postergada en su carrera por
su condición de madre o por su posibilidad de ser madre tiene la obligación para con todas las mujeres de
denunciar al empleador y llevarlo a
los tribunales.

En Catalunya y España las tasas
de natalidad están entre las más
bajas del planeta... pero muchos
políticos nos dicen que nuestra
población se reemplazará con
emigrantes.

Ese es un planteamiento económico miope, reduccionista y que sólo
defienden el gran capital y sus multinacionales y las instituciones y los
políticos que les sirven.

Pero ustedes los noruegos pueden porque tienen el petróleo del
mar del Norte.

Sí, pero lo más importante es repartir bien la riqueza que genera y no
sólo entre los noruegos. Y en eso estoy trabajando. Hace un par de meses fui nombrada responsable de establecer las directrices éticas para
decidir dónde invertir el fondo del
dinero estatal del petróleo...
¿Eso es mucho dinero?

Cien mil millones de euros.
¡Vaya!

Sí, es mucho dinero y para disminuir riesgos inversores, el Estado noruego nos prohíbe tomar posiciones
de gestión en ninguna empresa. Por
eso nunca llegamos al tres por ciento del capital social de ninguna empresa. Ese inmenso capital lo repartimos en cientos de pequeñas inversiones. El cincuenta por ciento del
dinero lo colocamos en Estados Unidos y el resto, en Europa.

Eso es más fácil decirlo que hacerlo.

En Noruega ha habido cuatro casos
y todos acabaron con la victoria de
la demandante. El más célebre fue
el de una presentadora de informativos que fue destituida al quedarse
embarazada. Denunció a la dirección, ganó y siguió presentando los
informativos hasta casi el día del
parto.

Minimizar el riesgo.

¿Cómo?

Sí. Eso de reemplazar nuestros hijos por inmigrantes es reaccionario
y retrógrado. Ese es el tipo de lenguaje que he oído alguna vez a los
ministros del Ecofin, los de los países de la Unión Europea cuando discuten la caída demográfica: “¿No
hay natalidad? ‘No problem’, sustituimos los no nacidos por inmigrantes y punto”.
Al capital le da igual que la mano
de obra sean nuestros hijos o inmigrantes siempre que los salarios sean bajos.

Claro: ese es su planteamiento. Pero no podemos consentir que también sea el nuestro, porque al hacerlo se olvidan del derecho de los ciudadanos europeos a tener hijos si
los quieren.
Siempre que puedan...

Es que si admitimos que podemos
renunciar a nuestros propios hijos
porque ya vendrán inmigrantes a
pagarnos las pensiones, estamos viviendo tan sólo para que la máquina económica siga produciendo. Y
yo creo en algo más. Yo creo que vivimos para ser felices y la felicidad
incluye ver a tus hijos crecer.
En España durante el franquismo,
el régimen defendía la natalidad
porque daba manos para el trabajo y soldados para la patria...

Pues mire, en Noruega, son la iz-

¿Por qué no se puede presentar
noticias embarazada?

Pues claro que se puede. Debemos
acostumbrarnos a reconciliar el trabajo y sus exigencias, incluso en los
puestos con más demanda de dedicación y horario, con la maternidad. ¡Ah! Me olvidaba recordarle
que las guarderías están garantizadas desde que el niño cumple un
año, justo cuando la madre acaba
su permiso de maternidad.
¿Y en su caso?

Yo creo que es muy factible tener
un trabajo, incluso una carrera absorbente, y cuidar de los hijos. Yo
tuve cuatro hijos en seis años. Es posible, aunque no es fácil.
¿Y aún los tiene viviendo de usted en casa?

¡Ah, no, no! En Noruega los padres
se abstienen de toda responsabilidad económica cuando los hijos
cumplen 18 años. Oí a un amigo italiano contar un chiste sobre los jóvenes que no hay manera de echar de
casa de los padres. Dicen que esos
jóvenes que no se van de casa son
como Jesucristo: “Viven con los padres hasta los 30 años y si desaparecen a los 33 es porque ha habido un
milagro”.
¿Pero adónde van a ir los jóvenes
tal como está el metro cuadrado?

En Noruega, cuando tienes 18 años

“Ninguna mujer puede ser obligada a elegir entre su carrera o sus hijos”

Rebelde con muchas causas
El empuje, la firmeza y la claridad de ideas de esta mujer han puesto
en aprietos a la puritana clase política noruega. La calidad moral de
Janne Haaland, en un país con una de las clases dirigentes menos
corruptas del planeta, la ha convertido, incluso en una sociedad
obsesionada con las apariencias, en la candidata indiscutible para
decidir la conveniencia ética de las inversiones del gigantesco fondo
del petróleo estatal. Y una tras otra va desgranando sus ideas,
cargadas de esperanza, sobre qué puede hacer con 100.000 millones
de euros hoy para conseguir un mundo mejor. Del mismo modo,
cuando defiende el derecho a tener hijos o a no tenerlos como libre
ejercicio de voluntad personal frente a las imposiciones
empresariales y del mercado, demuestra lo revolucionaria que puede
ser una mujer inteligente, porque con las ideas claras no hay más
partido que el de las personas y el sentido común. Janne Haaland ha
sido madre de cuatro hijos, viceministra y catedrática, pero también
ha pasado muchas horas intentando explicarse qué estamos
haciendo en este planeta y por qué estamos aquí. El resultado de
estas cavilaciones la ha convertido en una católica anticonformista,
conversa y rebelde en Noruega, una católica a contracorriente y
etimológica, porque católico quiere decir “universal” y Haaland es
una europeísta convencida frente al provincianismo aislacionista
escandinavo. El relato de su conversión “El amor escondido”
(Belacqua) explica las singulares claves de su rebeldía

Sí, pero eso nos crea problemas éticos. Es muy difícil seguir el rastro
de todas las empresas en que invertimos. La prensa descubrió hace poco que teníamos inversiones en corporaciones con conexiones armamentísticas e incluso con fabricantes de minas terrestres. Por eso trabajamos en este comité junto con el
Banco Central del país para fiscalizar cada euro de los invertidos. No
sólo velamos por la seguridad financiera de la inversión, sino también
por su limpieza ética.
Una labor difícil.

Sí y sin precedentes. He escrito un
libro precisamente explicando la
creciente importancia de los derechos humanos como condicionante
político y este fondo inversor es
otra muestra...
¿Acaso existe la inversión limpia?

El dinero en sí no es limpio ni sucio,
pero le aseguro que es muy difícil encontrar inversiones que sean éticas.
Yo he defendido que tomemos posiciones más ambiciosas en las empresas de energías renovables y ¿por
qué no? en iniciativas de microcrédito y desarrollo en África. Pero
es más complicado evitar países
que no respeten derechos humanos
o multinacionales con ramificaciones que de algún modo exploten niños, fabriquen armamento o cualquiera de esas actividades odiosas...


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