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Miguel Ángel Oteo Santos 4
La Edad Oscura
Los anglos y los sajones compartían una lengua unas costumbres y dioses similares, por lo
que a la larga se terminaron imponiendo sobre los jutos y es por ello que se habla de
‘anglosajón’ y no de ‘anglojuto’ por ejemplo. Pero no hay que pensar que los anglos y los
sajones se llevasen precisamente bien, pues estaban siempre a leches por fronteras, influencia
y comercio; de hecho el electrodoméstico de moda no era una consola wifi sino la alarma antiincendios.

La cosa de los dioses y así
Algo que sí que compartían era la estúpida necesidad de poner en el cargo de rey al que
tuviese el nombre más impronunciable, así Eawa de Mercia gobernaba al mismo tiempo que
Eorpwald sobre los anglos del este, cuyo hermano era Raegenhere y su padre Raedwald. De
hecho parece que fue el barco funerario de éste último el que se encontró enterrado
(posiblemente con el propio Raedwald dentro) en 1939 en una ladera de Sutton Hoo, en
Suffolk. El enterramiento ha sido la mayor fuente arqueológica de tesoros anglosajones hasta
la fecha. Se trata de un
enterramiento como el que se
describe en el Beowulf, en un barco
mirando hacia el mar, y en el que
se han hallado monedas de
Constantinopla y de los Francos,
cuencos
egipcios,
un
plato
bizantino y un casco, una espada y
un escudo suecos (reconocibles por
el pequeño logo de IKEA) que dan
buena muestra de sus habilidades
comerciales. El hecho de que se
enterrase a los reyes con todo un
ajuar de tesoros al estilo egipcio
Sutton Hoo
expone a las claras el carácter
pagano, no cristiano, de los invasores. De hecho, al menos en el año 624, supuestamente el del
enterramiento de Raedwald, seguían venerando entre otros al dios del combate Tiw, al dios de
la guerra Woden y al dios del trueno Thor. Poco le debiera costar al lector adivinar que los días
dedicados a cada uno de ellos se llamarían Tiw’s-day, Woden’s-day y Thor’s-day que pasaron al
inglés actual como Tuesday, Wednesday y Thursday.
La historia de la cristianización de las islas británicas parece que se debe a un papa
miembro honorario del Club de la Comedia, Gregorio, que en el año 597, paseando por un
mercado romano vio que se vendían como esclavos unos bellos jóvenes altos y rubios que al
preguntar por su procedencia le dijeron que eran anglos, a lo que respondió “Non angli, sed
angeli” (No son anglos, ¡son ángeles!) lo que debió causar el despelote general de los
cardenales que le acompañaban –y a él un ataque de priapismo-. Subyugado por la belleza de
los esclavos de esa zona envió a Agustín (no el San Agustín que todos conocemos, el de
Hipona, que llevaba muerto más de ciento sesenta años, sino San Agustín de Canterbury) a