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06 El mercenario Draconólogos .pdf


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Title: Leyendas de los 9 Reinos: 1ª Leyenda – Libro 1
Author: Darío

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Leyendas de los 9 Reinos: 1ª Leyenda – Libro 1
06 - E L

M ERC ENA R IO

- D R AC ONÓLOGOS

El remolque va muy lento, cargar con un dragón de este tamaño, aunque sea por
tantos uros es bastante lento y pesado, y aunque el CED está relativamente cerca, entre
la velocidad que llevamos y lo tarde que salimos de Manzeros se nos ha hecho de
noche. Pero en fin, aprovechamos para comer tranquilos y relajarnos después de un día
muy largo, y cuando la pequeña se duerme, Loob me explica qué hace viajando con
nosotros.
—Y eso es lo que hay. Ya he tomado la decisión, y espero que la entiendas. —Me
dice con los brazos cruzados, sobreactuando otra vez comportándose como un niño
repelente. Claramente pidiéndome que le diera la razón. Lo cual no es un problema.
—Yo habría hecho lo mismo en tu situación.
—¿En serio? —Me pregunta sorprendido.
—Sí, allí no habría tenido una buena vida. En La Diablesa sí. Seguro que tu madre la
acoge con los brazos abiertos y Dama la toma como su hermana pequeña.
Loob se echa a reír, pero se tapa la boca en cuanto se da cuenta de que tiene a la
pequeña durmiendo al lado.
—Es verdad, no había caído, pero ella llegó al gremio de forma parecida, seguro que
la tratará muy bien. —Me responde él aliviado y otra vez de buen humor.
—Últimamente el bar tiene más clientes, podría ayudar a tu madre y a Dama a
limpiar las mesas y los platos. Y dudo mucho que la jefa ponga alguna objeción.
—¿La jefa? Ella será la que esté más encantada de tenerla, te lo digo yo, Laabita va a
estar más que mimada allí. —Dice riéndose entre dientes— ¿Te acuerdas de cómo
aumentaron los clientes cuando empezó a trabajar allí Dama? Seguro que Laabita tendrá
el mismo efecto.
—Por aquel entonces yo aún no había ingresado en el gremio, así que no sabría
decirte.
—Ah, es verdad, eso fue unos meses antes de que llegaras tú. Pues ya verás, voy a
picar mucho a Dama con Laab, ya verás lo celosa que se pone cuando esté todo el rato
con Laabita y no con ella. —Dice y se tapa la boca para que su risa no se oiga
demasiado.
¿Celosa? No sé en qué sentido lo dice, la verdad. La relación de este tipo con las
mujeres, sobre todo con Dama siempre me ha parecido demasiado ambigua, se las da de
mujeriego, pero nunca le veo intimar de verdad con ninguna mujer, solo tontear, y con
Dama es evidente que hay algo entre los dos, pero ambos se comportan como críos y no
se sinceran entre ellos, así que no sé si lo de ponerla celosa va en serio o no, con él
nunca sé si habla en serio o en broma.
—No la pongas demasiado celosa, ¿quieres? La última vez que la provocaste no
había quién se acercara a ella.
Dicho esto, Loob tuvo que taparse la boca con fuerza para evitar la carcajada.
Aunque no era una broma, Dama es una joven muy guapa y femenina, pero jodidamente
violenta, no tiene reparo alguno en repartir cuando lo considera oportuno. Trabajar de
camarera en un bar nunca es agradable, y menos si es el bar de un gremio. Siempre hay
mucho machote con testosterona con las manos muy largas, y las jóvenes guapas son las
que más las sufren, pero Dama ya ha roto unos cuantos dientes por esto, los del gremio
ya la conocemos, y sabemos dónde está el límite, pero los que se paran de fuera y se
pasan de la raya salen escaldados, ella no se corta un pelo aunque el tío le saque
cincuenta kilos. Y el que más sufre sus rebotes es Loob, a él le encanta picarla, y ésta le
Darío Ordóñez Barba

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Leyendas de los 9 Reinos: 1ª Leyenda – Libro 1
sigue la corriente, y además cuando éste se pone a flirtear con alguna en el bar o se pone
a contar chistes verdes le suelta sin reparos un bandejazo en la cabeza. No paso
demasiado tiempo en el bar, pero cuando estoy, escucho esos bandejazos casi más que
la palabra “cerveza”.
El resto de la cena fue un suplicio, al dueño de los uros le había costado poco
cogernos confianza, y cuando se puso a hablar, no paró, nos habló de toda su familia, y
es una familia muy, muy extensa. Una de las ventajas de ser tan callado como yo y de
estar completamente tapado, es que la gente no suele saber si estoy despierto o dormido,
así que en estas ocasiones me pongo a dormir sentando y con los brazos y piernas
cruzados. Al parecer, por lo que me dijo Loob por la mañana, me perdí más de una hora
de batallitas antes de que la cerveza lo tumbara, pero a cambio de que Loob me cubriera
anoche, me va a tocar a mí aguantarlo todo el camino hasta el CED, así que no sé si me
ha salido a cuenta.
Un par de horas antes del mediodía llegamos por fin al CED, una cúpula gigantesca
en mitad del bosque, con paredes blancas enormes y gruesas y todo el techo central de
la cúpula como una alambrada de cables bien gruesos. Los alrededores del centro no
parece muy cuidado, y toda la madre selva se está apoderando de las paredes ahora más
verdes que blancas, donde las ramas lo están cubriendo todo. Nos acercamos a la puerta
y, antes siquiera de bajarnos para llamar a la puerta, sale un muchacho de a lo sumo
dieciséis años, rubio y flaco como un palo, corriendo como una exhalación hacia
nosotros.
—¿Señor Nedro y señor Loob? —Nos pregunta mientras intenta recuperar el aliento.
Para aclararlo, Nedro viene de Dragón Negro, ese el nombre que me dio Jodra,
similar al suyo, y supongo que característico de las familias de draconólogos. De
normal, la gente se pone nombres de acuerdo a su entorno, así que es normal que los
draconólogos se pongan nombre de razas de dragones, o características suyas, como
Jodra, que viene de Dragón Rojo, y el caso de Blero, que viene de roble, Rosa, de su
homónima flor o Noip, el saqueador, que viene de Pino, son nombres propios de
pueblos situados dentro de bosques o simplemente dedicados a la agricultura.
—Esos somos nosotros. —Responde Loob—¿Nos esperabais? —Pregunta
sobreactuando como de costumbre.
—Sí, sobre todo la señorita Jodra, que empezaba a preocupase por ustedes. —
Responde el joven dando una sonrisa forzada.
—Maldiciéndonos por llegar tan tarde y rugiendo a todo el mundo como un Dragón
Rojo, ¿verdad? —Le dice Loob riéndose a carcajadas
—Digamos… que está impaciente. —Responde el joven rubio intentando ser
políticamente correcto. Al pobre lo tiene acojonado y seguramente explotado.
Jodra no se caracteriza precisamente por su talante conciliador, sino más bien por su
mala leche y su poco interés por ocultarla. Si está así por llegar un día tarde, en cuanto
vea como está su bolsa de gas va a explotar del todo.
El joven va al remolque y mira bajo las sábanas, parece emocionado de verdad, nos
hace señales con la mano de que avancemos, entra corriendo por la puerta y se empieza
a abrir la puerta grande que está en el centro para que podamos pasar.
Entramos en lo que parece un patio enorme y circular, todo blanco y embaldosado,
enfrente hay tres puertas y varias ventanas grandes, y a nuestro alrededor, algo lejos,
donde termina el embaldosado árboles de todo tipo y flores varias, los que tenemos al
lado derecho y los que tenemos al lado izquierdo no tienen nada que ver unos con otros,
es como si estuviéramos entre dos bosques bien diferenciados, se oyen gruñidos dentro
del bosque, que supongo que serán algún tipo de draco, aquí tienen a muchas especies
en un hábitat natural, para ver cómo se comportan y que se reproduzcan, y bueno,
Darío Ordóñez Barba

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tenerlos controlados, básicamente. Avanzamos hasta el centro y nos paramos, los uros
están algo alterados, las bestias no son tontas, saben donde se han metido y no están
nada tranquilos, así que hablo con su dueño y le digo que nos espere fuera con ellos, que
no tardaremos mucho, y eso es lo que de verdad espero, quiero cobrar e irme a dormir
en una cama de verdad y comer hasta recuperar lo que he perdido, que han debido ser
tres o cuatro kilos en estos días. Unos minutos después de que saliera el dueño de los
uros, (que ha decir verdad, no recuerdo su nombre, nos lo habrá dicho veinte veces, pero
ha llegado el punto en que todo lo que dice me entra por una oreja y me sale por la otra)
Jodra, entre caminando y corriendo, y con su cara de malas pulgas sale por la puerta
central que tenemos enfrente. Jodra es una mujer joven de unos veinte años, un tanto
marimacho. Va vestida como un hombre, con unas grandes botas de cuero que le llegan
más arriba de las rodillas, con la planta del pie pequeña y algo de tacón, pero poca cosa,
con unos pantalones recios y grisáceos debajo, con varios cinturones en la cintura, y
varias riñoneras de cuero a ambos lados de las caderas, y sobre el trasero, de diferentes
formas y tamaños, cada una tiene su función. En los brazos lleva brazales de cuero con
grabados de lo que parecen la cabeza de un dragón, distinto en cada brazo, hasta el
codo, debajo unos guantes de piel de ciervo hasta donde llega el brazal, lo único que no
le tapan son los dedos. En el torso lleva una camiseta blanca con volantes y encima un
chaleco con mangas cortas que no sé si le queda pequeño o es así, pero solo le llega
hasta la mitad del torso, con grabado florales por delante, de ramas con muchas hojas
finas, y, por detrás, un dibujo del símbolo de los draconólogos del Valle de la Ceniza,
donde trabaja su familia. Todos los draconólogos tienen una insignia identificativa
global, de un dragón rojo escupiendo fuego dentro de un círculo rojo, pero luego hay
distintas familias, que se han dedicado todos sus miembros al estudio de los dracos, que
tienen sus propios símbolos, para demostrar que pertenecen a una casta de
draconólogos. Les gusta considerarse superiores al resto de draconólogos porque toda
su familia desde hace generaciones se dedican a esto exclusivamente, mientras que los
demás, al aprender el oficio por libros y no de una forma más personal, por así decirlo,
son inferiores a ellos. Una especie de casta, se podría decir, que solo funciona dentro de
su oficio. Solo existen cuatro, los de la Montaña del Fuego Helado del norte, los del
Volcán del Dragón, en el oeste, los de la Cabeza del Dragón Marino, en las islas del
este, y los del Valle de la Ceniza, en el sur, al que pertenece ella. Jodra tiene problemas
de vista, así que lleva unas gafas especiales para ella, con el cristal rectangular y algo
pequeño, y con las patillas rojas, suele llevarlas algo bajas, ya que son sobre todo para
leer, para ver de cerca los detalles. El pelo negro recogido en un moño y con un
flequillo lateral de su izquierda a derecha que le cubre toda la frente y le tapa también
desde la mejilla derecha hasta la oreja. Hoy lleva encima su bata blanca que tienen que
llevar a la fuerza todos los draconólogos cuando están en un CED, ridículamente
grande, parece más una túnica que una bata, con el grabado con hilo rojo en el pecho del
dragón rojo escupiendo fuego dentro de un círculo rojo.
Viene hacia nosotros entre corriendo y andando, con esos andares largos y rígidos,
con los brazos estirados y tiesos como palos y la espalda encorvada hacia delante, y esa
mirada, y esos morros apretados que la hacen más amenazadora que un basilisco.

Darío Ordóñez Barba

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