Aunque hayamos muerto .pdf

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Title: Microsoft Word - Documento6
Author: Honorio

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Punta Español, isla de Almadán. 8 de enero. 02:16 horas.
El teniente Gallo y los comandantes Montes y Arranz miraron con
satisfacción cómo los dos Cougar Superpuma se posaban con relativa
suavidad en la explanada del cuartel de la Legión. Arriba, ocultos por la
noche y los pequeños jirones de nubes, revoloteaban los Tigres HAD.
También se oía el ruido de aviones de combate cruzando la oscuridad.
Los últimos días habían sufrido bastantes bombardeos marroquíes, pero
ningún ataque de tropas o helicópteros. Tan solo la artillería era la que les
seguía machacando con cierta insistencia, aunque de forma irregular, ya
que los ataques de la aviación española dañaban cada vez más las
posiciones marroquíes.
Con aquella operación habían introducido una sección más de
paracaidistas expertos en designación de objetivos e infiltración en
terreno hostil. También pertrechos, medicinas, víveres, combustible y
municiones. La posición contaba con una defensa mucho más segura y
numerosa que en los días de asedio, con lo que la tranquilidad era mayor
y se había reducido en buena medida la tensión.
El teniente de la Legión se acercó hasta la arcada que jalonaba la
entrada de la enfermería de donde salía la periodista con cara seria y
obviamente, aún afectada por la muerte de su fotógrafo. Había aceptado
dejar Punta Español y volver a la península. Su estado, todavía de
profunda consternación, y la sensación de que su vida con el surfista
quedaba atrás, habían terminado por conminarla a pedir unas vacaciones
e irse.
—¿Qué tal te encuentras? —preguntó el oficial cuando estuvo lo
suficientemente cerca.
—He estado mejor… —contestó lacónicamente la periodista—.
Pero lo vamos superando —añadió al poco después.
—Bueno, ahora ya estarás más tranquila. Desde la península verás
todo de otra manera.
—No sé qué decirte… Es posible que mis vacaciones en el
periódico se conviertan en una auténtica tortura. Todo el mundo querrá
saber lo que ha pasado aquí.

—Y debes contarlo. —La voz del oficial sonó con suavidad—.
Hemos sido atacados y hemos sufrido mucho, pero también hemos
resistido. —Se detuvo un instante, sonrió a medias y luego miró a los
ojos a Amaia—. Debes contar lo que has vivido —subrayó un instante
más tarde.
—Lo haré. Sabes que además no puedo evitar ser periodista todos
los minutos del día —habló con una media sonrisa, pero mientras
titubeaba con la mirada.
—Te harás famosa. Estoy seguro.
—Tú ya lo eres.
—Yo solo soy flor de un día. Tengo poco recorrido.
—Eres un poco exagerado. Yo te entrevistaré cuando vuelva de
vacaciones.
El oficial legionario sonrió.
—Cuando quieras, pero con una copa de vino. Aunque, a mí, lo
que de verdad me vale, es que te acuerdes de nosotros y de lo que en
verdad significamos. —El oficial había tardado en contestar y ahora la
miraba con atención. Luego bajó de nuevo la vista.
—Lo prometo —dijo al fin la periodista y asintió con lentitud
mientras empezaba a caminar hacia el helicóptero posado y desde el que
hacían señas para que se apresurara.
—No te olvides —volvió a hablar el teniente ya a la espalda de la
periodista que se volvió a medias todavía con el ligero asentimiento
mientras esta vez sí posaba la mirada en la del teniente Gallo—.
Acuérdate de nosotros… Aunque hayamos muerto.
—Ni tú de que me debes una entrevista… Con una copa de buen
vino.


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