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libera a sí misma de tantas atracciones, ¿por qué es lacerada por tales bagatelas? ¿Es una
prueba? ¡Oh Dios mío! Por favor, dame fuerzas. Por favor sácame de este lodazal".
Mientras decía esto, sentía que me iba hundiendo más y más en el fango.
Aquella noche me dirige al "Padre" [Chalam], el cual estaba sentado a solas: "Padre, quiero
hablarte de algo". Chalam me observó detenidamente. Un poema de Chalam —Sudha—
vino a mi mente: "Mi vida llegó al punto de decir: «Señora, déjeme ir»". Se lo repetí sin
demasiada elaboración. A través de lo poco que dije, ese sabio del amor comprendió
inmediatamente mi condición mucho más claramente que yo mismo. Me miró intensamente
por un momento y dijo con una voz estremecedora: "Pero aquí no hay ninguna señora". "Sí,
la hay. Por esto estoy atormentado", le contesté.
Hubo unos momentos de silencio; entonces Chalam, enfatizando cada palabra, dijo: "Ofrece
todo esto a Ishwara [Dios]. Él se ocupará; no te preocupes".
[La gente cree que] Ishwara mora en Sowris —también llamada Shau. Mi inconmovible fe
en la idea de que Ishwara en persona maneja, a través de Sowris, todos los asuntos [de
Ramanasthan] había sido puesta en entredicho. A pesar de que deseaba mantener mí fe, en
mi había solo traición y rebelión. Tenía dudas respecto a todas mis creencias y verdades que
había asumido como fundamentos de mi vida. Pero ¿por qué tenían que surgir en mí estas
dudas y aberraciones si me había dedicado a la práctica espiritual, si había decidido por mí
mismo que no tenía ninguna otra meta en la vida más que la auto-realización? ¿Era éste el
resultado de las impresiones de mis vidas pasadas? ¿Debía reprimirlas? ¿Debía batallar
contra esos fantasmas? ¿Qué provecho obtenía con ello?
—"Observa a Jagadish Bhai. Mira qué despreocupado es. Lo es porque se entregó
totalmente a Ishwara", dijo Chalam.
Jagadish renunció, hace veinticinco años, a todo cuánto tenía. Con sólo veinte años y al igual
que Bhagavan [Sri Ramana Maharshi] llevaba un trozo de tela en la cintura y se había
establecido firmemente en Arunachala. Justamente el día anterior se quejaba: "Estos niños
están gritando: «MGR, MGR»4; no puedo meditar en medio de este ruido. Incluso soñando
oigo sus gritos". Me sorprendió el modo en que Jagadish se quejaba de sus problemas.
¿Era esto todo? ¿Debían todas las renunciaciones y prácticas espirituales naufragar al
enfrentarse a algunos gritos diciendo "MGR"?
No mucho tiempo después de esto me fui de Ramanasthan y dejé Arunachala. Después de
casi cuatro meses de ausencia, volví a este mundo, a Bangalore, a mi usual y mecánica vida y
a mi trabajo, el cual había mantenido gracias a la ayuda de unos amigos.
Todos los que me conocían se sentían preocupados por mi bienestar, pero a mis espaldas,
me ridiculizaban. Me consideraban una
4 MGR es una estrella de cine de películas en tamil. En Ramanasthan, los niños pasan mucho tiempo hablando de
sus películas.

especie de loco y me daban consejos tratando de salvarme. Era una tortura infernal. Pasaba
horas solo, sentado sobre un montón de piedras, detrás del ashram de Ramakrishna,
evaluando el estado de mi vida. Mi mente se llenaba de disgusto ante un mero pensamiento
espiritual o de práctica espiritual. Durante este tiempo, cuando me cansé del Vedanta, las
enseñanzas de J. Krishnamurti atrajeron mi atención. Sus "Comentarios sobre el vivir" se
convirtieron en mi lectura habitual.

"Me pones en un pedestal..."
Una mañana intenté llamar a UG por teléfono. No lo conseguí ni siquiera después de una
hora. Me cansé de intentarlo así que colgué y me senté. Justo entonces el teléfono sonó.
—"Hola", dijo UG
—"Hola UG. He intentado hablar contigo durante media hora".
—"Nosotros también lo intentamos desde aquí. Lo que quería decirte es que nuestro