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Ombligo 23 Codex Molecular N V .pdf



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Codex Molecular
Año: XXIII, Nº: V

OMBLIGO 23 - Codex Molecular - V

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AMN23MBLIGOO23ORAT23VXL23OXN23A
OI23MNA23BLIGOON23ATOR23XLV23XNO
23OIA23NAM23LIGOOM23IGOOMBL23G
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Codex perpetrado por los Tres Impostores (Facción Editorial)
Contacto y Suscripción: ombligomolecular@yahoo.com.ar
Ombligo23 recibe pedidos de suscripción a su Codex
Molecular en su dirección de e-mail.
El Codex Molecular de Ombligo23 solo es enviado vía e-mail (en formato.pdf),
a quienes así lo soliciten.
Los números pasados no serán subidos a web alguna, ni enviados vía e-mail,
una vez pasada su fecha de a-parición.
La suscripción es totalmente gratuita.
El contenido del Codex Molecular Ombligo23 puede ser utilizado
de manera total o parcial,
solicitando a quienes lo hagan sostengan la ética de dar a conocer
la identidad y origen de tal información.
Http://ombligo23.blogspot.com

Ombligo 23 - Codex Molecular - no es una publicacion, es una aparición desincronizada - Copyleft XXIII
El contenido es de total responsabilidad de sus autores, no de quienes perpetraron el presente Codex

OMBLIGO 23 - Codex Molecular - V

«Una procesión de condenados.
Por condenados, entiendo los excluidos.
Tendremos una procesión de todos los datos que la Ciencia ha tenido a bien excluir.
Batallones de malditos, dirigidos por los descoloridos datos que yo he exhumado,
se pondrán en marcha.
Unos lívidos y otros inflamados y algunos podridos.
Algunos de entre ellos son cadáveres, momias o esqueletos chirriantes y vacilantes, animados por todos aquellos que fueron condenados vivos. Deambularán gigantes hundidos en
sus sueños. Guiñapos y teoremas andarán como Euclides bordeando el espíritu de la anarquía. Aquí y allá se deslizarán putillas. Algunos son payasos. Otros son muy respetables.
Varios más son asesinos. Horribles pestilencias y supersticiones desencadenadas, sombras y burlas, caprichos y amabilidades. Lo necio, lo pedante, lo raro, lo grotesco y lo sincero, lo hipócrita, lo profundo y lo pueril arrostrarán la puñalada, la risa
y las manos muy pacientemente juntas de la decencia.
La apariencia colectiva se situará entre la dignidad y la intemperancia, la voz de la tropa
adquirirá el tono de la letanía desafiante, pero el espíritu del conjunto será procesional.
El poder que ha decretado que todas las cosas sean condenadas es la Ciencia Dogmática.
Sin embargo, avanzarán.
Las putillas brincarán, los enanos y los jorobados distraerán la atención, y los payasos romperán con sus bufonadas el ritmo del conjunto. Sin embargo, el desfile tendrá la impresionante estabilidad de las cosas que pasan, siguen pasando y no dejan de pasar.
Por los condenados, yo entiendo, pues, a los excluidos.
Pero por los excluidos entiendo también a todos los que, algún día, excluirán a su vez. Ya que
el estado común y absurdamente denominado existencia es un ritmo de infierno y de paraíso: ya que los condenados no seguirán siendo condenados, puesto que la salvación precede a la perdición. Y nuestros andrajosos malditos serán, un día, ángeles melifluos que, mucho más tarde aún, volverán al mismo lugar de donde han venido».
(El Libro de los Condenados - Charles Fort)

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El contenido es de total responsabilidad de sus autores, no de quienes perpetraron el presente Codex

OMBLIGO 23 - Codex Molecular - V

CONTENIDO

1.O.23. LOS TRES IMPOSTORES PERPETRANDO ENTRETENIDAMENTE UN JUEGO
DE AJEDREZ TRIANGULAR
por EL Apoxiomenos
2.O.23. LA ESPIRAL DE LOS PULSOS - ENTRADA A LA INTERFASE DELEUZE BRUJERIA 5º PARTE
por Dr. Cypriano Baobab
3.O.23. SOBRE EL LIBRO DE LOS MALDITOS por Salvador Elizondo
(reseña extraída de la Revista S.NOB dirigida por Salvador Elizondo, Junio 1962)
4.O.23. IMPRONTA I
por El Apoxiomenos
5.O.23. CON LAS CUERDAS DE ALEISTER
por El Albino Anancástico
6.O.23. FILOSOFOS DE LA NATURALEZA
LOS FISICOS - DE REICH Y LEARY EN LAS GLANDULAS
HACIA REICH Y LEARY EN EL ESPACIO A TRAVES DE SEIS POETAS EN LA TIERRA SEGUNDA CHARLA BIZANTINA EN EL MANIKHEM - Buenos Aires, 2005 por Mr. Mistery / Delio Ay / Turk O´Tul
7.O.23. EXALTACION DE LA ETERNIDAD: LA ESPANZIRAL PATAFISICA
(Libro I - Diez Claves para un Breve Tratado Excepcional)
Protocolo de Investigación basado en documentos difundidos por el Novísimo Instituto de
Altos Estudios Patafísicos de Buenos Aires
por Agatho Priscius
8.O.23. IMPRONTA II
por El Apoxiomenos
9.O.23. EL DESCENSO DE INANA
por Benvenuto Cellini
10.O.23. PIERO MANZONI Y LA LINEA SOBRE EL PLANO
por Rosaura Oraprovine
11.O.23. EXTRACTO DE ENSAYOS O PRUEBAS SOBRE UNA RED HERMETICA
por Héctor Libertella. I.M.
ENCUENTROS CON HECTOR LIBERTELLA
por El Albino Anancástico

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OMBLIGO 23 - Codex Molecular - V

12.O.23. IMPRONTA III
por El Apoxiomenos

13.O.23. LOS LAPIDARIOS - Sincerata en Cinco Escenas
por Leonel Incubus
14.O.23. CORRESPONDENCIA SECRETA
por Telenuro Rising

15.O.23. SOMBRERO DE BRUJAS - HIEDRARIO DEL CULTUS SABBATI
por Las Cuatro Aliadas: Nancy Soho, Santa Pintabuona, Ula Selene y María La Marr
16.O.23. IMPRONTA IV
por El Apoxiomenos
17.O.23. PROTOCOLOS DE LA MENTE BUBONICA
2º Entrega
La Civilización de las Mulas Mercuriales
por Jalo y Jala
18.O.23. PEDRO Y PETRONA - SCRIPT PARA TIRA TELEVISIVA BASADO EN EL
ENCUENTRO LITORAL ENTRE PIET MONDRIAN Y HELENA PETROVNA BLAVATSKY
1º ENTREGA
por Abelardo y Pastilla
19.O.23. IMPRONTA V
por El Apoxiomenos
20.O.23. MAX ERNST, SURREALISMO, ALQUIMIA Y COLLAGE
por Karlrebus
21.O.23. BUFALO ZENSUAL
por Qallme Hysmael
22.O.23. LOS TRES IMPOSTORES PERPETRANDO UNA DISERTACION TRIPLE
SOBRE LA VIDA SECRETA DE DAVIS, COLTRANE Y MONK
por El Apoxiomenos

Los Tres Impostores dedican este Codex Molecular
a la memoria de Hector Libertella (1945 - 2006)

Fotos Tapa y Contratapa: Colección “Voyeur de Fin de Semana” Serie “Sorprendida con Aviso” - Modelo: Viola Pisani
Obra Perpetrada por los Tres Impostores (un Homenaje a Serge Jacqes y Man Ray)
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OMBLIGO 23 - Codex Molecular - V

LA ESPIRAL DE LOS PULSOS
Entrada a la Interfase Deleuze - Brujería
5º Parte
por el Dr. Cypriano Baobab

Un poeta logra al fin adelgazar su figura hasta no ser más que una cualidad atmosférica.
Un brujo se conecta a distancia con la frenética danza de un hormiguero mediante un dia(bo)lecto
abstracto. Un alquimista alcanza una alineación dinámica y oblicua con los astros a través de
la manipulación de sustancias impuras. Todas salpicaduras de esa semilla vibrátil, de ese
corazón cremoso y móvil que lamina lo real allí en donde lo real se desmiente a sí mismo, en
donde la aero-dinamia del mundo se autoproduce como una concreta y continua evanescencia.
Las figuras y los símbolos del ocultismo así lo testimonian. Transmiten más de lo que significan,
funcionan más de lo que ordenan.
Hexagramas o placas mudas, las figuras inmóviles que preñan los templos y los libros
reverberan con dimensiones instantáneas, dinámicas, son máquinas abiertas esperando la
oportuna conexión que las encienda. El roce de un cuerpo lábil, evaporado, confundido ya con
su entorno, un gesto de aire, un encontronazo seco, bastan para desatar la ignición del mercurial
tegumento, del agua viscosa y volátil (John Dee). El cuerpo se ha vuelto pieza de una máquina
planetaria y vibratoria; partícula de un animal abierto y flexible.
La información que estos emblemas puedan portar (relaciones estables de significancia
entre sus grafos), es sólo la mínima condición necesaria para la emisión de estas vibraciones.
La consigna existe para hacer pasar la contraseña, la componente de paso (de fuga), desatar
el paso (al menos) doble que nos baila y hace bailar con los desprendimientos de la materia,
prendados a una lengua bífida, siérpica, que convive, en el otro extremo de la serpiente, con el
sonido del ano-cascabel, y evita así ser capturada por los mecanismos de la interpretosis.
Lengua doble (o triple, como el tridente-Shin de la khabbalah), húmeda y retráctil. Veloz. Viaje
numinoso de la dicción a la infante a-dicción. A la di-sección, a la correcta dicción despellejada
por la espuma de las cosas. Lengua venérea (venusina y aérea): ¡Afrodictum!
El contacto con los pulsos que allí laten no nos envía a una dimensión referencial fija
(estado de cosas, cosas estatales), sino a la circulación que vibra entre las cosas. Nos instala
de lleno en la zona festiva de los pasajes y las irradiaciones, en el mercurinario de los dones,
de las atravesadas afecciones que germinan en cualquier cruce de partículas locas (encrucijada),
en el entre-tiempo de las afluencias magnéticas, de las inter-penetraciones, en el rumor
instantáneo de la magnetosfera cular (por sonora, por residual: la víscera cantora). Bataille le
llamaba a esta capacidad de sintonía: el poder eléctrico de las puntas.
En el siglo IX, un árabe de nombre impronunciable1 y que aquí aproximamos como alKindî, publica un verdadero grimorio de detonaciones llamado De radiis (De los rayos o De
las radiaciones). El influjo de este libro en la baja Edad media y el Renacimiento –anónima
traducción latina de por medio (siglo XII)- será enorme. Marcilio Ficino lo devorará y lo devolverá
en clave eroto-fantástica bajo envoltorio neo-platónico.
El mundo que despliega el libro de al-Kindî (astrólogo y filósofo) está compuesto por
dos tratamientos modulares de lo real: los elementos y las radiaciones (lo que pasa entre –y a
través de- los elementos). Claro que la creencia en las emisiones estelares ya estaba avanzada

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OMBLIGO 23 - Codex Molecular - V

en esa época, pero la novedad que nuestro árabe introduce prosigue de otro modo el
«continuismo diferencial» de la pneumatología estoica: la virtud de las estrellas para emitir
radiaciones la comparten también los elementos (es decir, todo). La cartografía energética de
este universo abunda entonces en dinamismos puros. Todo, desde el planeta o estrella más
alejada hasta la brizna de hierba más pequeña, está atravesado por una transferencia cósmica
de radiaciones. Y estas radiaciones, si bien hiladas entre sí, se singularizan por sus frecuencias
vibratorias, diferenciales (y es esta epi-diferencialidad, de hecho –o mejor: de derecho–, lo
que establece la hilación). De ahí que los vectores de afección y contagios materiales se revelen
operables por saltos e inmediatas diagonales (la causalidad clásica es intervenida e infiltrada
por un hálito desviado). La praxis teúrgica encuentra un nuevo escalpelo (de siglos ha) en el
que re-encarnar: metemsomatosis. Jámblico o Sinesio –los pneumo/espiritualistas– renacen
como el árabe radiónico.
Sinesio (traducido por Ficino en el siglo XV) ya hablaba de la existencia de una
conspiración de las cosas a espaldas del hombre. Los encantamientos, para el mago de
Cirene, no sólo significan, sino que también invocan. Y la invocación (con su triple lengua
ofidiana: sonido, materia y figura) se vale de las fugas naturales del pneuma o de las
exhalaciones de la tierra para alcanzar una conjura o alianza anomal con las fuerzas, para
adherirse al vaivén de la corriente mánt(r)ica (para volverse un vate oracular, poético, en esa
conspiración matérica). ¿Habrá que creer que los espíritus de los que hablan las invocaciones
no pasan de ser almas pre-existentes bajo el régimen de «lo general» (¡sí, mi general!)?
Aquí es donde se equivocan los egópatas. La asimilación reduccionista del pneuma al
alma, consumada durante siglos (a diferencia de la operación estoica de reducir el alma al
pneuma), fue nefasta. La fluidez y la irradiación del pneuma difieren por naturaleza de la
inmovilidad del alma. De ahí que no se comprenda nada acerca de los matices distintivos
entre el alma y los espíritus, y se trace un camino opresivo de los cuerpos al alma (organismo)
y una captura almístico-imaginaria del espíritu-vibración. Éste no es homologable ni al alma ni
al cuerpo (ni a sus variadas y agotadas síntesis). El espíritu, cuando liberado, funciona en otro
plano: no se reduce ni al cuerpo «bajo» el alma, ni al alma «en» el cuerpo; (se) desmarca y (se)
auto-produce (como) almas-efectos; pasa intensamente por los cuerpos desarticulados,
flexibilizados; retoza en el entre-acto (René Clair). El espíritu es lo que Guattari llamaba lo
«auto-consistencial», con sus dos características de singularidad (persistencia local) y
transistencia (consistencia transversal). Al igual que las radiaciones de al-Kindî o el pneuma
de los estoicos, el espíritu, tal y como despunta en el bandidaje brujo, insiste invaginado en la
materia: es la materia sin formalizar, el contacto sensible y vibracional entre las cosas, el
englobamiento infinito entre materias heteróclitas (inmanacionismo).
No ficcionaba Klossowski cuando insistía en la diferencia que latía entre las almas
incomunicables que se encorsetaban en el cuerpo organizado y la promiscuidad de los «espíritus
mortales» (Soplos o alientos liberados) arrebolándose en los cuerpos como un pegoteo de
intensidades (prácticas de posesión). La corporeidad, munida de espíritus singulares e
indiscernibles, alcanza un máximo de porosidad y comunicabilidad: mescolanza, confusión
mítica. Se nos adelanta, entonces, Mark Fisher cuando corona al materialismo pre-formal con
el penacho gótico. Para el inglés, las figuras góticas aluden a devenires materiales: los seres
incorporales son auto-creados en las conexiones libres de la materia. Sintonizar con esas
conexiones (mixtura) es cartografiar terrenos existenciales nuevos, auto-consistentes y
evanescentes. Intuiciones suspendidas de una arisca voluta de realidad y sus torsiones
continuas. Por eso, para Félix, todo vale si lo que se busca es contactar con los vahos de
transformación (mediante ebullición de los estados de cosas y evaporación de los hechos
referenciales previos), pues todo entra al centrifugado como material (rasgo) intensivo. Por un

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aplique de ingravidez –a veces ritmando sonidos, figuras y gestos (rituales), a veces disparando
sin miramientos por vía gástrica (leche de los drugos)–, encontrar las líneas de procesualidad,
los puntos de contacto, de penetración, los puntos aleatorios en los que los objetos rompen el
hervor y se contaminan entre sí por efecto ondulatorio de las fuerzas (arremolinada humectación
/ tripa del ingrávido bullicio). Delicias y atavíos de La Naranja Maquínica (o del Huevo de las
Ingestas). «Un poco el asceta transplantado a la Siberia por la brutalidad de los sucesos»
(Néstor Sánchez, «Siberia Blues»).
Así es como por la vertiente de los cimbreos alcanzamos las raíces del «Árbol de la Vida». Ya
Ficino se había enchastrado en un alegre movimiento de pluma con este diagrama energético
de la khabbalah (uno de tantos). Contra los lentes que lo engrilletan al neo-platonismo,
señalamos que toda teología negativa es el reverso de una brujería positiva. Caracterizado
como un mapa del derrotero de Dios en sus manifestaciones, a partir de los tres velos negativos
(Ain-La nada-, Ain Soph-Lo Ilimitado, Ain Soph Aour-La Luz Ilimitada), el Árbol de la Vida es
una máquina dinámica de radiaciones; y el Dios que ahí se agita se sitúa a irreductible distancia
del Uno trascendente, ensimismado e inmóvil de los sacerdotes contemplativos. Este Dios es
plural e inmanente; es el afuera invaginado en el límite, el interno fulgor de extramuros. Los
sephiroth son las zonas tuberculares de condensación y almacenamiento de los rayos o
radiaciones (kalas o secreciones temporales para los hindúes) que penetran al espacio
homogéneo como «actos-eventos» o concreciones actuales de las intensidades. De ahí que
el brujo contemporáneo Kenneth Grant les llame: «radiadores prismáticos».
Este trajín (engalanamiento que nos disipa y nos ofrece velocidad sin restarnos cosmética)
nos coloca frente a la primera manifestación del tiempo y de la Lux en el Árbol (no en un orden
cronológico, sino en una continua parición temporal): KETHER. Casi podríamos regodearnos
en el informalismo de este Sephirah, sin tocar ningún otro, en virtud de su adiposidad reversible:
KETHER se pega a las suelas de todos los sephiroth restantes como un detonador turbulento.
El Árbol se liga así con prácticas contemporáneas como el fold-in method de Gysin: no sólo
tiene reversos palpables a través de DAATH (sephirah invisible y umbral del abismo) sino que
también es plegable y desplegable en su cara más evidente. Si decimos que el Dios que
apenas se asoma en los velos del Ain dista de ser la forma suprema o el motor inmóvil, KETHER
(primera concentración de los rayos de la Luz Ilimitada) nos responde, cómplice, con sus
efusiones y sus símbolos. Este sephirah aún no es formal (dualidad que comienza con los
posteriores sephiroth y desemboca en los pilares izquierdo y derecho del Árbol); por eso se le
llama Los primeros torbellinos (en palabras de Dion Fortune: KETHER es una «latencia a un
grado de la inexistencia»). Para seguir insistiendo, algunos de los otros nombres de KETHER
son: La Corona y La Cabeza que No Existe. La Corona está por encima de la Cabeza dualista,
pero es, como tal ornamento, una Cabeza que no existe. Por potencia de su arremolinada
semblanza, expone una decapitación esencial. Entre el cuello galaxial (donde comienzan los
pilares de la civilización) y la corona radiemática, vive el acéfalo bárbaro (mutación del
Vitruviano). Por eso, a nivel antropomórfico, KETHER es el loto de los mil pétalos, el agujero o
floración centelleante en la cima de la cabeza por donde el espíritu se fuga del vestido humano
–la acefalización o decapitación de la humana testa es un fuentón de luces (¡Numancia!
¡Libertad!).
Dos símbolos más, atribuidos también a KETHER, nos facilitan la ligazón entre lo planetario y
lo elemental: el punto y la esvástica. El último, usurpado mezquinamente por una máquina de
muerte como la nacionalsocialista, lleva a cuestas una antiquísima tradición que resuena en
casi todos los pueblos. Entre otras cosas, es un símbolo aéreo: una cruz solar en rotación.
Espiralado motor, hélice, aspa, ventilador, molinete o voluta, la esvástica atribuida a KETHER
es una cruz que gira hacia el círculo: Los primeros torbellinos. Aquí llegamos al punto, con todo

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