MonteJurra Num 10 23 29 Agosto 1966 .pdf

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ANO

I

NUMERO

lO

SEMANARIO

D E

ACTUALIDAD

23-29 AGOSTO

1966

• Problema de
los partidos
políticos
• ¿otos
• Carlistas en
Falencia y
Covadonga
• Navarra
vista por
Sarcia
Sanchiz

«P a c e m

las

in Terris» c o n t r a

ideas

liberales

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R

PAMPLONA

A

S
A
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E
R
1
A

El paso de las
Termopilas
El mes de agosto, parece el más propicio,
entre los de la estación veraniega, para dedicarlo al descanso y apetecida holganza
anual.
Es de rigor establecido, que las familias
cambien de ambiente y marchen a disfrutar del campo o del mar.
Pudiera haber sido otra cualquiera maravillosa región de España, pero elegimos
para la portada una vista de Tossa, en Gerona, lugar bellísimo por sus acantilados,
ruinas de castillos roqueros, playas concurridas por los extranjeros, turistas, que llenan todo el litoral catalán.
Con el cambio de clima y lugar, el cuerpo, necesitado de reposo y el espíritu de paz
y sosiego, se tonifican, recobran energías,
para empezar los trabajos, nuevamente, en
la lucha cuotidiana, pasadas las vacaciones,
con renovada fuerza e ilusión.
Los patriotas carlistas, no olvidan el futuro político de la Patria y con fe en Dios,
volverán a sus hogares, dispuestos a trabajar, sabiendo siempre que la grandeza ha
de llegarle, precisamente con los postulados y principios que defienden y Personas
Reales que los encarnan.

MONTEJURRA
DIOS - PATRIA - FUEROS - REY

SEMANARIO DE ACTUALIDAD
Precio 10 ptas. - Año I - N.° 10 - 23-29 agosto 1965
PRECIOS DE

SUSCRIPCIÓN

Anual
ptas.
Portugal, MarrueTrimestre
100
cos e HispanoSemestre
190
américa
475
370
Año
Europa
600
12
Número atrasado
Resto del mundo 700
Dirección y Administración: Apdo. 254. PAMPLONA
Impr. en Gráficas Navarras, S.A. - Manuel de Falla, 3
PAMPLONA
ESPAÑA

EXTRANJERO

Ptas.

D. L. N A 205 - 1963

Cuando el día 15 de septiembre se daba comienzo en el Aula
Conciliar a la cuarta sesión, Monseñor Felici, Secretario General
del Concilio, con aquella dicción clara y rotunda que le caracteriza,
anunciaba a los Padres Conciliares que se iniciaba el estudio del
esquema de la Libertad Religiosa con una comparación tomada
de la historia, en la que había un tanto de ironía y un mucho de
verdad. Decía Mons. Felici: «Ahora los Padres Conciliares vamos
a iniciar el paso de las Termopilas», aludiendo con esto a las muchas dificultades que había tenido el tal esquema, y que las sefuiría teniendo la nueva redacción que se sometía a la consideración de la asamblea.
En efecto, elaborado el texto por cuarta vez, han sido muchas
las enminedas y aclaraciones, así como también adhesiones, que se
han pronunciado en la basílica d e San Pedro sobre tema tan vidrioso y difícil. Por fin, el día 21 los Padres Conciliares aceptan
como base para ulteriores estudios el esquema que se les había
ofrecido sobre la Libertad Religiosa.
U n a cosa podemos hacer destacar: los Padres Conciliares españoles han tenido unas intervenciones magistrales, aduciendo razones y trayendo doctrinas, extraídas de las mejores fuentes biblicoteológicas, que, sin d u d a alguna, se han d e reflejar en las
futuras votaciones y en la redacción definitiva del texto, cuando
éste se someta a la aprobación de la asamblea ecuménica. N o s satisface que el magisterio episcopal español haya puesto de relieve,
una vez más, su preparación y su dominio en el terreno doctrinal.
El Concilio, guidado suave y sabiamente por el Espíritu Santo,
pide y requiere más luz sobre el esquema que ha sido aceptado
como punto de partida para formular una declaración conciliar.
Monseñor Desmedt, ponente del esquema, ha manifestado que la
comisión redactora del texto pondrá cuidado especial para redactar «la noción de libertad religiosa entendida en el sentido de libertad social y civil». «La comisión, ha proseguido diciendo, se
esforzará en presentar su contenido d e u n a manera más positiva,
eliminando todo cuanto pueda parecer favorable al indiferentismo
y al laicismo, y subrayando más positivamente la importancia d e
la educación para la libertad y para la responsabilidad. Los textos
de la Sagrada Escritura, relativos a este punto, tendrán más acceso
a la declaración. E, igualmente, merecerán mejor precisión las ideas
del bien común, orden público, etc.».
Ahora, después de lo sucedido en el aula conciliar en estas
cinco primeras sesiones, se ve la oportunidad y utilidad que supuso el a ñ o pasado d a r un compás de espera a aquella alocada y
precipitada tentativa de votar el esquema de la Libertad Religiosa.
Ahora se ve, contra lo que se escribió a raíz de la clausura d e la
tercera sesión, que la prudencia e inmadurez del tema requerían el
sedimento d e los días para poder abordarlo con una doctrina más
pura, más en consonancia con el magisterio secular e infalible de
la Iglesia, debiendo tener en cuenta las peculiaridades de los distintos grupos o naciones. C u a n d o , el año pasado, nos hablaba a
los españoles Su Santidad Pablo VI, con ocasión del Congreso
Eucarístico de León, nos decía el P a p a : «A/o temáis las españoles
por la Libertad Religiosa. El Papa estará con vosotros». U n a tradición multisecular y una p o s t u r a que no ha tenido hueco en la
actuación de Roma, traen a nuestro espíritu la tranquilidad y
la paz.

EL PROBLEMA DE LOS
PARTIDOS POLÍTICOS
por
Con este titulo el n.° 18 de CUADERNOS PARA EL DIALOGO
publica un extracto de la conferencia pronunciada por su Director don Joaquín Ruiz J i m é n e z en
la Asociación Católica Nacional de
Propagandistas. Se precisa sentar
u n a afirmación: Se t r a t a de m a teria que no afecta a principio-i
esenciales p a r a los católicos, sino
discutible, y sobre la cual caben
honestamente diversos pareceres.
Con ello, queda dicho que n o nos
parece mal que se t r a t e de este t e m a en una asociación de apostolado, máxime intelectual, pues "Obligación de la Iglesia es formar a
los hombres con criterios éticossociales y políticos correctos". P e ro seria peligroso que al t r a t a r de
t e m a s opinables se siguiese u n a
orientación monocorde; a h í es
donde es m á s preciso el diálogo
entre los católicos. Si no las a s o ciaciones católicas corren el grave
riesgo de aparecer a n t e la opinión
como uní, organización partidista.
La conferencia p a r t e de la crisis actual de los partidos políticos;
admite sus sustituibilidad teórica,
si bien la niega en la práctica, r e conociendo que "la mayor parte
de las veces que se h a preconizado la sustitución de la democracia
pluralista de partidos clásica u occidental, por un sistema de democracia orgánica, n o se ha puesto
r e a l m e n t e en práctica, sino que ha
funcionado u n sistema autocrático,
de gran concentración de poder, y
ello h a a c a r r e a d o u n tremendo
desprestigio de aquella fórmula".
La conclusión viene a ser la conservación de los partidos perfeccionados y complementados con
otros cauces de representación p o lítica.
¿Qué es el p a r t i d o político? Es
la Agrupación política dirisrida a
la conquista del poder político. No
debe perderse de vista n u n c a esa
finalidad a la h o r a de analizarlos
Claro que h a y m u c h a s clases de
partidos políticos. Es certera la
distinción que h a c e el conferenciante e n t r e partidos de opinión y
partidos ideológicos.
Partidos de opinión son los eme
a r r a n c a n "de la c o m ú n aceptación
por p a r t e de las ciudadanos de la
estructura económico-social y político jurídica vigente". Sin e m b a r go creo que se hace esa aceptación
de un modo m u y distinto en el
m u n d o anglosajón y e n el europeo
continental. En aquel, los partidos
conservan a ú n el c a r á c t e r de p a r tidos de opinión, r e s p e t a n el sistem a vigente en cuanto lo ven como
fruto de u n a evolución histórica,
teniendo siempre a b i e r t a la posibilidad de reformas continuas. En
cambio, en el m u n d o político que
h a girado e n t o r n o a Francia, se
p a r t í a del hecho de la Revolución
F r a n c e s a como d e t e r m i n a n t e del
s t a t u s político-social; y los clásicos partidos t u r n a n t e s conservadores y liberales se a f e r r a b a n a este
sistema burgués como inmutable, a

PEDRO JOSÉ ZABALA

pesar de las variaciones constitucionales, que n o t c n i a n empacho
e n admitir.
Por el contrario, los partidos de
masas son ideológicos, pues en
•ellos la voluntad colectiva t r a t a
de configurar la sociedad según
u n a d e t e r m i n a d a concepción del
m u n d o y de la vida m á s o menos
incompatible con las concepciones
subyacentes de los otros partidos".
Fácilmente, se ve, la tentación
perpetua del partido ideológico de
convertirse en partido único.
Es cierto, que h a y dos organizaciones de esta clase, la cocial-democracia y la democracia-cristiana
de algunos países, que h a n resistido esta tentación a base de elevar el pluripartidismo a principio
esencial. Pero ¿ h a s t a qué p u n t o m
h a sido esto en detrimento de su
condición de p a r t i d o ideológico y
reduciéndose a la de opinión? D i cho de otro modo, ¿hasta qué p u n to n o h a habido aceptación del
s t a t u s social capitalista, a p u n t a lándolo con suaves reformas? Veremos en qué p a r a el actual experimento de a p e r t u r a a la siniestra
de la democracia cristiana italiana
Si, es cierto, el sistema de p a r tido político único es injusto. Y a n te él. el pluripartidismo se m a n i fiesta, a m i juicio, como u n m a l
menor. Y a la larga, la descomposición del p a r t i d o político —cuando el tiempo deshace su estructur a monolítica— d a paso a tensiones precursoras de la pluralidad de
partidos, formalmente admitida.
Pero la p r e g u n t a sigue en pie
¿Son sustitulbles los partidos p o líticos? Quizá la p r e g u n t a esté mal
planteada y deba decirse ¿son n e cesarios? ¿cabe u n sistema político que no los precise? F o r m u l a r l a
asi en u n plano m á s general, nos
c a r a la oportunidad de examinar
el problema e n t o d a su profundidad.
El mismo Ruiz Giménez al s e n t a r que "si la politica se concibe
como la lucha e n t r e el amigo y el
enemigo", evidentemente el p a r t i do político resultará u n i n s t r u m e n to fundamental en esta p u g n a "
Ahora bien, ¿es la política esa
p u m a ? ¿tiene n a t u r a l m e n t e que
serlo?
Y aquí conviene afirmar: la
esencia de la democracia, es d i á logo. Diálogo e n t r e Gobierno y
Pueblo. Pero si se basa en la lucha
entre partidos, en la "legitimación
y encauzamiento de la oposición"
entonces, si no es m á s que eso, el
diálogo es muy reducido, es d i á logo entre gobernantes y a s p i r a n tes al gobierno. Sí, t r a n s i t o r i a m e n te, la oposición es gobernada, pero
toda su actuación e s t á presidida
por su afán de volver a conquistar
el poder.
E n cambio, el diálogo profundo
y democrático debe ser entre E s t a d o y Sociedad, entre poder p o lítico y poder social. Y asi, estará
basado en el respeto m u t u o a la

posición de los interlocutores. El
poder social —Pueblo organizado
e n sus instituciones autónomas—
será consciente de su puesto, l u c h a r á p o r ser bien gobernado y
exigirá del poder político que se
m a n t e n g a d e n t r o d e su órbita. Esa
es la a u t é n t i c a g a r a n t í a de la l i bertad politica: los límites institucionales al Estado. Si la libertad
real se deja depender de los p a r tidos políticos de a s p i r a n t e s a c o n trolar la m á q u i n a estatal, m e t e m o
que el control sea pobre y poco eficaz. P a r a qué se iban a preocupar
Ce exigir unos limites que luego
podrían estorbarles, al h a b e r conseguido el poder?
Claro que hay también o t r a p r e g u n t a previa que -narca en su r e s puesta la disyuntiva, ¿qué es la r e presentación? ¿Es t r a n s p o r t a r la
voluntad de unos representantes
adultos a n t e quien proceda? ¿O es
por el contrario, considerar a los
representantes menores de edad y
asumir su voluntad, entendiéndose
por u n a ficción, que la voluntad de
los representantes es la de los r e presentados?
Esto último es la representación
ejercitada a través de los partidos
políticos. Se t r a t a de u n a adhesión
al p r o g r a m a o a la persona. Esto
no debe extrañarnos. Y es que n a da m á s e x t r a ñ o p a r a u n a d e m o c r a cia que la estructura de u n partido
político. Vertebraciones jerárquicas
con sus jefes, estados mayores y
militantes. ¿No es la l c h a de los
partidos políticos la legalización de
la guerra civil? ¿En consecuencia
¿qué es u n partido político sino un
ejercito civil?
Y es que la democracia es m u cho m á s que u n p a r t i d o político o
una simple t á c t i c a electoral; la
esencia de las democracias es p a r ticipar y l a participación sólo p u e de ser efectiva en instituciones
a u t ó n o m a s ascendentes de lo concreto a lo general, en las que el
hombre se realiza. P o r eso. son
más naturales, la familia, el m u nicipio ,1a región, el sindicato etc.
que u n partido político. Un h o m bre puede realizarse c o n o ciudadano sin ser miembro de u n p a r tido político, pero no sin p a r t i c i p a r e n las comunidades en las que
convive.
,-

Porciue otro carácter de los p a r tidos políticos es su minotariedad.
Aunque sean de masas, son u n a m i noría en la colectividad nacional
Y es lógico. Cuando Ruiz Jiménez
p r e ' a m t ó : "¿es que el hombre, t a n to como s e r laborante, "homo f a ber" n o es u n ser p e n s a n t e y politico? Aquí ya h a y u n a distorsión,
pues la politica es m u c h o m á s que
lina discusión ideológica. (Con ello,
no defiendo la superación de las
ideologías p o r la tecnocracia al estilo seudotradicionalista de un
Fernández de la Mora) Pero m u cho m á s preocupan los problemas
cercanos de los ámbitos vitales en
los que u n o está inserto y sobre los
cuales la Intervención propia p u e de ser decisiva.
Y es que y a es h o r a de que h a blemos de las dos democracias. La
deirocracia de los políticos y la
democracia del Pueblo. La p r i m e r a es de frases y de promesas, m u chas veces incumplidas, y de c a m p a ñ a s electorales. La segunda es
m á s pequeña a simple vista, cuotidiana y m e n u d a se va realizando
día a día, con esa vulgaridad real
y e n t r a ñ a b l e de lo íntimo y r e p e tido.
La democracia de los políticos

es u n a democracia (?) sin responsabilidad. Desde esa figura decorativa del Jefe del Estado, p a s a n do por la mayoría y las minorías
¿Quién responde efectivamente y
bajo qué procedimiento? Si todo
nace de unas elecciones y los votos
se c a p t a n m e d i a n t e promesas ¿Qué
responsabilidad se exige después si
resultan incumplidas? La respuesta
usual n o n o s convence: e n las p r ó ximas elecciones con que los descontentos voten a otros todo resuelto. ¿Puede resolverse algo poniendo
en el poder a otro irresponsable?
Hoy el pueblo quiere exigir r e s ponsabilidades m á s concretas que
esas de a n t e Dios y la Historia. La
democracia de la 2." m i t a d del siglo X X tiene que ser u n a d e m o cracia real con u n a responsabilidad taxativa p a r a quien haya defraudado al Pueblo. Y la Historia
nos enseña que es m u c h o m á s fácil destronar a u n rey inútil que
impedir a unos políticos incapaces
el acceso al poder.
Y hablemos de elecciones. No
creo sean u n p a r a d i g m a racional
de designar al gobernante capaz.
Las técnicas de publicidad m o d e r na, generosamente empleadas, no
se dirigen a la razón, sino a los
instintos. Buscan el halago, n o la
persuasión. Y si examinamos las
organizaciones de los partidos p o líticos actuales veremos que son en
sustancia m á q u i n a s de pesca y r e quisa de votos. Esto son los que
constituyen la médula de la d e mocracia occidental.
Los partidos políticos actuales
excluyen al pueblo. Es decir, a u n a
sociedad de ciudadanos adultos,
estructurados en comunidades d e mocráticas. Se basan e n la masa,
<?n la agrupación indiferenciada de
individuos susceptibles de ser m a nejados por cualquier experto en
publicidad.
Y esas gigantescas c a m p a ñ a s
electorales ¿quién las financia?
¿de dónde salen los fondos c a p a ces de sostener las elecciones? A n te esto a s a l t a el temor de que ya
no existan partidos ideológicos que
t i e n d a n a a l t e r a r el s t a t u s social,
pues ¿si sólo el capitalismo puede
financiarlas, a quién v a n a servir?
De m o d o m á s concreto y directo
¿podría hoy u n n o millonario a s pirar con alguna probabilidad a la
Presidencia de USA?
Cuando occidente c a m i n a hacia
ese nuevo Estado totalitario, el del
Bienestar, p u d i e r a n m u y bien los
partidos políticos servir p a r a sostener u n a apariencia de democracia. Ese Estado, formado por ciudadanos felices y menores de edad,
a los que de cuando en cuando, se
les p r e g u n t a r á si eligen a unos u
otros de los políticos en liza. P o líticos que n o p o d r á n oponerse a
los m a n e j adores de la m á q u i n a estatal, los teenócratas, fieles servidores del capitalismo.
Si el p a r t i d o único repele, n o es
solución l e v a n t a r las m o m i a s de
los partidos políticos. Es u r g e n t e
abrir cauces concretos de p a r t i c i pación en el poder .Cauces efectivos en los que los que el Puebla
plasme institucionalmente su m a yoría de edad. U n o de ellos, h a n
de ser los grupos de opinión. Está
por estudiar su problemática sus
límites y sus fines (Mella los llamaba p a r t i d o s circunstanciales). Y
si misión de intelectual es otear el
horizonte. ¿No h a r í a n mejor a l gunos intelectuales que en d e s e m polvar antiguallas en t e n e r la o s a día de adivinar el futuro?

toldado
de (?tióto

y
f

alcanzó

Uñijo

La

EL 31 DE JULIO FUE LA
FESTIVIDAD DE S. IGNACIO

i

combatiente

El Ayuntamiento
de Pamplona el año 1950, acordó levantar un pequeño
monumento,
donde cayera herido el Santo,
cerca de la Basílica de su
nombre, réplica del grupo escultórico
que existe en la
Santa Casa de hoyóla.

Estuvimos en Loyola, los
días 31 de julio y 1 de agosto,
en la Santa Basílica, asistiendo a las solemnidades que en
su honor se celebraban.
Por primera vez dijeron misa unos cuantos jesuítas de
distintas provincias españo-

de

JloyoLa

Santidad
las, dispuestos a vivir según
las reglas y espíritu de Iñigo
de Loyola.
«Todo a la mayor gloria de
Dios».
En vasco y en castellano oímos cantar con fervor el himno de S. Ignacio.
No podíamos olvidar que los
36.000 jesuítas, esparcidos por
las distintas partes del mundo, tenían un nuevo General,
dicho en el lenguaje militar,
que S. Ignacio imprimiera a
la Compañía, más exactamente un nuevo Prepósito
General.

Fotografía de la maqueta del monumento levantado en Pamplona; en
sus alzados dice:
SOLDADO Y COMBATIENTE DE ESPAÑA, IÑIGO DE LOYOLA,
CAYO DEFENDIENDO EL CASTILLO DE LA CIUDAD DE PAMPLONA, EN EL DÍA 20 DE MAYO DE 1521.
SOLDADO Y COMBATIENTE DE CRISTO, IÑIGO DE LOYOLA.
ALCANZO SANTIDAD.
LA CIUDAD DE PAMPLONA EN SU RECUERDO LEVANTA E
INAUGURA ESTE MONUMENTO, EN EL DÍA 8 DE OCTUBRE
DE 1950.
acompañados de los escudos de Navarra y Pamplona.

Parecía que estos tiempos
de lucha cierta, con reformas
o contrarreformas, más o menos manifiestas, necesitaban,
como en aquellos otros, nada
menos que de una figura extraordinaria, coincidente con
el Fundador, en su cuna vasca, en amor por la Patria Hispana, con proyección universal por la América Española,
por el Oriente, Japón, lugar
de sus anteriores afanes, volcanes de amor de Javier, por
todo el Mundo, para llevar la
luz de Cristo.
El P. Pedro Arrupe Gondra,
cuenta con 58 años y es un
auténtico español con alma
universal.

LA

El nuevo Padre General dará seguro días de gloria a la
Compañía.
MONTEJURRA se alegra al
tener en tan excelso puesto a
un hijo de la Patria.
El Carlismo, y las personas
carlistas, el Rey Carlos VII,
siempre han sido decididos
defensores de la ínclita Compañía de Jesús.
MONTEJURRA felicita al
Rvdo. P. Arrupe, por su nombramiento y pide humildemente una bendición especial
para esta Revista, que se gloría de editarse donde el Santo
Fundador recibiera la herida
por la cual Dios le introdujo
su amor ardiente por Cristo.

COMPAÑÍA

S I E M P R E

DE

JESÚS

D I S P U E S T A

A LOS MANDATOS DEL SANTO PADRE

TRADICIÓN Y TRANSMISIÓN
EL

VETERANO

Y EL P E L A Y O
(Abu

eio

El tradicionalismo,
como nunca
ha estado en el poder, no ha llegado a gastarse. ¿Qué tal si ocurriera?,
pues indudable que tendría algún
desacierto, que los ríos no serían de
leche ni de los árboles
penderían
jamones; los hombres no son máquinas perfectas y tampoco son ángeles los carlistas, pero el programa,
los postulados, la doctrina son completos y el tradicionalismo reúne, es
el único que se cimenta en las constantes de España.
Hay casos en que la transmisión
de padres a hijos tampoco se cumple, porque educados en el hogar,
en el santo amor de Dios, se entregan los varones o hembras, todos o algunos a la vocación religiosa.
Hay machas
lista.

maneras

de ser car-

La estupenda, la de más fuerza
indudable, pero no siempre posible
de alcanzar y por desgracia en algunos casos tan poco cumplida, es la
continuidad familiar,
transmitiéndose los ideales de padres a hijos.
En algunos casos, por dejadez o
abandono, no por falta de fe, no se
realiza esta educación; pero qué maravilloso es ver generaciones
sucesivas de tradicionalistas,
entroncados,
ramas del mismo secular árbol, con
las mismas creencias, el mismo afán
de sacrificio; exaltado amor a Dios,
a España, a la Región, patrias chicas
de la España grande... y siempre
con lealtad ciega, absoluta,
obediente a la Dinastía Carlista
Legítima;
con repulsa de la Rama Liberal o de
otras formas de gobierno
nefastas
para la Nación, como fueron las dos
Repúblicas.
Otra forma muy propia de un caballero, es la del bautismo de sangre, porque el carlismo ha tenido
que salir muchas veces al campo, ya

que le ahoga la ciudad podrida, con
zancadillas y mezquindades
llenas
frecuentemente
de mentiras y calumnias; le va mejor a su nobleza
y manera de ser la lucha en campo
abierto.
Bautismo de sangre recibido en el
pecho cubierto de medallas religiosas, siempre a la sombra de la bandera roja y gualda, con detentes del
Sagrado Corazón, junto al propio y
con valor espartano en las acciones
guerraras.
¡Nada más peligroso e invencible
—decía Indalecio Prieto— que un
carlista después de haber
comulgado!
Otra forma de entrar en la Comunión, es la que se deriva del raciocinio. Más fría en su origen, pero
que puede calar profundamente
una
vez aceptada la doctrina
encendiendo la inteligencia y el corazón.
Se llega, estudiando la parte positiva, la historia, los hechos incontrovertibles y observando la negativa posición reiteradamente
fracasada de los contrarios.

Se acaba de dar un caso extraordinario, en esta "Navarra,
granero
de la Iglesia", según frase del Santo Padre, felizmente reinante, en la
familia de Zabalza, carlista activo
en todo tiempo. El padre, don Alejandro Zabalza, labriego,
cultivador
de sus campos, de virtudes acrisoladas, acaba de ver reunidos a sus seis
hijos, sacerdotes de la Orden de
Predicadores de Santo
Domingo.
Seis hijos dominicos, no es hecho
corriente en el mundo.
Pero si en estos atropellados
y
vertiginosos momentos en que vivimos, nos paramos a pensar un tanto, observaríamos que estos sucesos
se producen, no de forma exclusiva,
pero sí de manera frecuente, en Navarra y en familias
carlistas.
Se ha dicho que es preciso n'avarrizar España y españolizar el mundo, pero ¿qué poco se hace por navarrizar "no sólo España, sino por
navarrizar a Navarra". ¿Me explico?
—¿Se deja? ¿Se procura?
La fotografía muestra un venerable anciano; está hecha en Oviedo,

y

nieto)

cuando acababa de liberarse
Asturias de la pesadilla roja.

todo

El veterano,
escondido
en las
montañas, en los Picos de Europa,
vio ascender a los requetés
navarros, tomando el pueblecito en que
se encontraba, por el Sueve, cerca
de Arriondas; las brigadas navarras
ascendían como gamos; antes había
perdido unos hijos cogidos por los
rojos, otros salvaron de milagro, incluso hijas estuvieron en la cárcel...
es un caso, uno de tantos, de los
tremendos episodios de familias españolas, con el martirio en la zona
roja, en los días de la Cruzada.
El "nenu", el nieto, que no conocía al abuelo, había nacido en Navarra, en agosto del 36, parecía un
símbolo, de ella le vino y con él se\
retrata feliz porque después de lo
que había visto no le cabía tanta
dicha, no le importaba morir. Creía
que los requetés habían
triunfado.
Los ojos no le engañaban,
pero
como no siguió viviendo, nada sabemos qué hubiera podido
decir
hoy, de la situación carlista.
El "Pelayo" se fue jesuíta y siendo novicio allá en Veruela, en aquel
cenobio que fue trapense, hoy de la
Compañía de Jesús, compuso hace
varios años la poesía que transcribimos en honor y gloria de la Virgen
de Agosto.
"A la Reina de la Paz", porque
los carlistas, desean este bien inapreciable, pero tienen que estar
dispuestos para la lucha. Si quieres
la paz, prepárate para la guerra.
Las familias carlistas, con frecuencia dan religiosos y
siempre
dan patriotas. Lo contrario,
como
en toda regla, constituye
la excepción no digna de imitarse.
MENDIGORRI

Madre
C u a n d o veo t u dulce mirada
perderse e n el cielo,
en t u s ojos azul reflejado
más p u r o , más b e l l o ;
me parece posible hasta arriba
subir en u n vuelo,
y callando el aliento a tu lado
por ellos mirado
mirarme yo en ellos.
Cuando veo en mi vida plasmado
tu a m o r más sincero,
trasluciendo por cada espinita
sonrisas de c i e l o ;
me parece que sólo hay alma,
sin sentir el c u e r p o :
Voy pisando las rosas y espinas
porque no las veo,
porque miro al cielo.

EL

Inmaculada
C u a n d o siento que todos mis pasos
sigues desde el cielo,
y t u alma d e Dios filigrana
se complace en ellos;
la batalla t r a b a d a a diario
me parece un juego.
Me d a risa el.sufrir de aquí abajo,
pues todas las cruces
me parecen lechos
Y sintiendo que todas mis penas
las llevas T ú d e n t r o ,
y que siempre la cruz que me m a n d a s
la besas primero,
olvidando los hielos de fuera
las nubes de d e n t r o ;
me siento muy niño,
me acojo a tu seno,
y cerrando los ojos
me d u e r m o .
UN

NOVICIO

REQUETE

DEL LIBRO «NAVARRA» DE
FEDERICO GARCÍA SANCHIZ
E n ocasión en que unos determinados elementos diplomáticos i n t e n t a ron conseguir de R o m a u n a fórmula, m e d i a n t e la cual los Carlistas a c e p t a s e n la soberanía d e Alfonso X I I , como los monárquicos franceses h a b í a n
pactado con la República, don Antonio Cánovas del Castillo salió al paso
de la bienintencionada pero n o previsora conjura, con estas palabras, d i rigidas al emisario de los conspiradores: "¿Y quién le h a dicho a usted
que eso iba a beneficiar a la sociedad española? Yo n o cometeré el crimen
de destruir l a ú n i c a fuerza capaz de m a n t e n e r el o r d e n social el d í a e n
que se desencadenase la revolución. Vaya usted y diga que yo n o puedo
pedir la m u e r t e de u n partido que será m a ñ a n a a n t e m u r a l de la P a t r i a " .
No desapareció el Carlismo, a u n q u e vino a quedar nueva Pompeya, p a ralizado e n la actitud e n que acertó a sorprenderle la p a z de 1876. E n a l guna p a r t e h e expuesto yo ese simil, que corona la invocación de Vázquez
de Mella, flamígero Vesubio, a la vista de los Círculos y las Redacciones a
un tiempo públicos y en clandestinidad, de las boinas rojas en las arcas,
dr- m a g n a t e s excéntricos y del Rey e n el extranjero. Entonces se inició esa
pasión p o r el retiro, característica d e los tradicionalistas, muchos de los
cuales siguen añorándolo, como aquellos cristianos que deploraban el Edicto de Milán, p o r el que ya n o t e n í a n que esconderse en las catacumbas.
A t a n t o , en suma, llegó el a p a r t a m i e n t o , que un observador de la talla
de Pérez Galdós, d i o por fenecido el credo legitimista.
Cánovas veía con m á s claridad, y, conforme a su vaticinio, en el g r a n
peligro nacional del 36, surgieron y desbordaron l a s antiguas partidas, t r a n s formadas en u n Ejército. Pero antes, volviendo a m i comparación, hubo
lo que podríamos calificar de período de las excavaciones. L a p r i m e r a
guerra civil, n o pasó e n c u a n t o a propósitos, de una corazonada; s o l a m e n te; Zumalacárregui y unos pocos estaban seguros de sus ideas: el propio
Carlos V movíase p o r lo que entendió era m a n d a t o de Dios. Injusto s e -

JESUÍTA

ria. sin embargo, n o reconocer que desde un
principio brilló la conciencia de la Causa en la
Princesa de Beira. Ella inculcó en Carlos VII el
lema inmutable. Lema, por lo demás, ilustrado
a la sazón por los pensadores que se le agregaron, y que del instinto heroico hicieron doctrin a españolísima. Después, el torrente de lava
progresista, liberal. Medio siglo largo duró la
quietud bajo la costra, h a s t a que, por fin, a l guien comenzó a escarbar la tierra, imitáronle
otros, y al cabo se asombró al mundo con la
exhumación del requeté. •
El aviso de Cánovas se cumplía de un m o do absoluto. Porque los Carlistas no r e a p a recieron como tales, siéndolo m á s que n u n c a :
pero su bandera se unió a todas las de la e m presa común Recuérdese que en unos meses no
declaró el Alzamiento su incompatibilidad con
la República, y, n o obstante ello, las aspas coloradas no excusaron su asistencia, a u n a riesgo de defender u n Régimen antípoda del suyo.
No se t r a t a b a ya de luchar contra los guiris o
sus sucesores, sino, sencillamente, de m a n t e n e r
el orden social y de salvar la Pairia, insuflando
en esta gastada frase un aliento que la convertía en inédita.
Desde la quema de los conventos en Madrid
y algunas capitales de provincias, Navarra, s i n tiéndose herida y como sin honor, se dispuso a
recobrarse, intención cada vez m á s firme, en
virtud de la creciente barbarie de las masas,
consentida y estimulada por el Gobierno. S i m u lacros deportivos y piadosas peregrinaciones servían de pretexto p a r a una verdadera p r e p a r a ción militar. El misterio infinito de los P i r i neos se utilizó en el alijo de armas. No f a l t a ron ni los tratos muy a escondidas con g r a n des potencias, a las que no convenía que el
marxismo arraigase entre nosotros: unos fingidos hispanoamericanos estuvieron ejercitándose como aviadores en ajenas y castrenses e s cuelas, y las cuadrillas se renovaban sin i n t e r valo, y ciertos alumnos decían misa. En t a n t o

aquí ios jefes entrevistábanse con generales y
políticos. Nada se descuidó; al extremo que la
inolvidable j o r n a d a del 19 de julio en P a m p l o na, n o fue un levantamiento, sino una movilización.
Pues de igual m a n e r a los legendarios C a r listas se llaman a h o r a requetés. El capitán
Hennigsen, que anduvo con Zumalacárregul,
dice en su famaso libro que se denominaba del
requeté al batallón Tercero de Navarra, por
ser ese el estribillo de su tonada predilecta
Francés el vocablo, venatorio y marcial, quizás lo trajo uno de aquellos vendeanos que
acudieron a la recluta de la Iglesia y la M o narquía, reemprendida por españoles t r a s la
d e r r o t a de los chuanes. Y su precisión y su b r i llantez, de c h a p a de boina, lo impusieron al
t r a t a r s e de organizar huestes juveniles, que en
n a d a h a b r í a n de a m p a r a r s e como en el r e c u e r do de los cantores de don Tomás. Pero c o n t a -

giados padres y abuelos de la pasión r e d e n t o ra de los donceles, y rivalizando las generaciones en la gentileza, el vigor y el sacrificio, a
todos se les reconoció el derecho al airón, al
mot, en su doble sentido de apodo y empresa
caballeresca. Los requetés lucharon en vuelos
de arcángeles, sin crueldad ni codicia, c o m u l gando antes del combate, rezando al acabar,
sino se rezaba ya por ellos o a ellos. No p e leaban: vertían como en el Apocalipsis, la copa
de la ira del Señor.
Permítaseme confundir con mis palabras de
hoy las que ayer escribía o pronunciaba en el
frente, y que repaso en la memoria como se
vuelven las hojas de u n álbum nostálgico. T a m bién entonces dije de Navarra, en explicación de
su cambio de u n a a otra guerra civil, del paso
de lo defensivo y foral al desbordamiento p a t r i ó tico, y de la destrucción y el t e r r o r a la g e n e r o - ^
sidad que libera y socorre, dije esto que llegó a ^
hacerse popular y acaso ya no se recuerda: " N a varra t e m a por símbolo el roble, con su i n c o rruptibilidad, y ahora, bajando del Pirineo al
Ebro, la representan los olivos, cuyo jugo es
alimento, luz, óleo y bálsamo.
La Cuenca y su valle no se rezagaron en
los ensayos preparatorios. Sin el arriscado t u multo de las villas ribereñas, ni el enigma de
los caseríos, siempre en su equilibrio de zona
media, llenó las sucesivas etapas, y en u n a de
las anuales visitas al santuario de San Miguel
in Excelsis, en el Aralar, adonde acude la p r o vincia en masa, el heredero, el hijo de aquel
gentilhombre rural que sirvió de cubiculario
a Carlos VII, consagróse, al par que sus c o n vecinos, a la Cruzada en gestación. El hidalgo
de m á s de c u a r e n t a años, grande, fuerte, no,
habla nunca, y, si acaso con u n a gravedad de
c h a n t r e . Ese silencio suyo infunde u n a e x traordinaria virtud a sus actos. Dio en fugarse de la aldea, y cuando cesaron sus ausencias,
Mendigaña, por arte mágico, estaba ya provisto de pistolas y fusiles. Armas custodiadas por
la mismísima R e m a de los Cielos, que las t e nía a sus plantas, pues se ocultaron en la c a pilla, en el altar.

CÁNOVAS también quiso
llevarse a M E L L A
Afirmé el domingo anterior que la Restauración —de la que, por lo que se refiere a parte
de sus gobernantes, se podía repetir la frase vulgar, que ya se empleó muchas veces: los mis) mos perros con diferentes collares—, fue esencialmente anticarlista, que odió y persiguió al
Carlismo y a los carlistas, trabajó para que dejaran de serlo, por medio del halago, del ofrecimiento, de la corrupción, y si alguno flaqueó
y desertó sólo entonces le pareció admirable. Es
decir, cuando incurrió en la deslealtad, cuando
dejó de ser lo que era, al abandonar las ideas
con las que había sido digno y consecuente, hasta que cambió de chaqueta. Y dije que Cánovas
no fue de los que emplearon «malas artes y maniobras indignas», porque reconoció públicamente lo que el Carlismo había representado y representaba. Pero bien lo hubiera querido tener
a su lado en sus dudas y vacilaciones, en sus
disgustos y ante la poca confianza que podían
inspirarle los políticos veleidosos que no eran
para fortalecer el pesimismo de aquel gran político, envuelto en pesadumbres y en escasas
esperanzas.
Cánovas, como gobernante sin optimismo, de
una España hundida, que había perdido la fe
»en sus destinos, la fe que tuvieron aquellos hom' b r e s de los siglos de Oro, porque fueron dos
en frase de Menéndez y Pelayo, el XVI y el
XVII, porque un siglo de liberalismo morboso,
frivolo, incrédulo, desleal y masónico había destrozado aquel ecuménico ideal español, Cánovas
llegó a acusar de aquel estado de un pueblo que
veía las tragedias de Cuba y Filipinas impasible
y sin renunciar a sus diversiones —por obra de
la frivolidad liberal— precisamente a aquella España del XVI. Le acusó con un espíritu de ateneísta, al pronunciar estas lamentables palabras,
propias del siglo XIX y de un gobernante liberal como él. ¡Y eso que era el mejor! :
«La nación española en el siglo XVI, con ese
espíritu —el espíritu católico—• como campeón
del mundo latino y como paladín del catolicismo, se aisló del resto del movimiento del mundo, sostuvo cuerpo a cuerpo esa lucha colosal, y
la mantuvo con una tenacidad admirable; gastó
en ella todas sus fuerzas, y cuando estas fuerzas
le abandonaron, quedó como un cadáver, haciendo ya cerca de dos siglos que procuramos galvanizarle sin conseguir este intento».
Hubiera sido más justo y exacto que hubiese
dicho —porque la reacción española de la guerra de la Independencia, y la reacción briosa de
las guerras carlistas le desmentían—, que desde
hacía dos siglos, uno de cesarismo y otro de liberalismo, estaban haciendo todo lo posible por
matar a España y ésta podía más que sus sepultureros: no quería morir. Era Cánovas entonces
Jefe del Gobierno, y Vázquez de Mella —8 de

julio de 1896— recordando esas palabras, después de leerlas en el Congreso, le dijo:
«Esa es la fe que tiene el señor Presidente
del Consejo de Ministros en las energías del
pueblo español. El pueblo español no tiene ya
fuerzas ni vigor; no es más que un cadáver insepulto hace dos siglos, que se trata de galvanizar, pero es un cadáver que ni siquiera para ser
galvanizado tiene ya condiciones. Señores, con
un gobernante colocado a la cabeza de una nación, que tenga una fe semejante en su pueblo,
¿qué grandes empresas se pueden llevar a cabo?
Si su señoría cree que gobierna y manda a un
cadáver, ¿qué podemos esperar de S. S. ni de
la política que dirige?, y es que S. S., hombre
de grandes aptitudes, hombre de capacidad, que
tiene condiciones para ser estadista, sin que por
esto lo sea, y una de las causas por lo que no
lo es, no está en deficiencias personales suyas,
sino en la deficiencia del régimen en que vive;
S. S., digo, que tiene esas condiciones, las posee
también grandes como historiador; pero es historiador de nuestras decadencias, no de nuestras
grandezas».
Cánovas, el restaurador, el padre de aquel régimen, el pesimista, el que quería culpar a Carlos I y a Felipe II, los dos grandes soberanos del
siglo XVI, juntamente con el abuelo del primero,
Fernando V, que aún reinó hasta 1516, de la
España miserable del siglo XIX, envilecida por el
liberalismo, aguantó imperturbable la filípica de
Mella y debió comprender qué gran refuerzo
hubiera tenido en aquel batallador carlista si lo
hubiese podido atraer hacia él como lo había
intentado. Porque desde que en 1893, en que
Mella, como diputado por Estella, llega a las
Cortes, su elocuencia entusiasmó a Cánovas, tanto, que al oirle por primera vez preguntó admir a d o : ¿Quién es ese monstruo? Y lo quiso
«atraer», que así era la política de la Restauración. Dije que no empleó malas artes y que utilizó otros medios, porque era más señor, pero
todos conducían al mismo fin: a que Mella abandonara el Carlismo, para caer en la gusanera de
la Restauración o de su política, en lo que él
llamó la charca.
Dos años después de su arribo al Parlamento,
donde ya había tenido intervenciones felicísimas,
y uno antes de la filípica a la que me he referido anteriormente, fue tentado por Cánovas. Lo
recordó el orador tradicionalista bastantes años
después, en que también se dijo que abandonaba
el Carlismo para hacerse alfonsino. El arzobispo
de Granada, doctor García de Castro, gran pluma, aunque el cargo nos haya privado de nuevas
obras suyas, tan brillantes como las anteriores,
en su libro Vázquez de Mella. Sus ideas. Su
persona, resume así la tentativa canovista:

(Vázquez d e Mella)
«En 1895, Cánovas del Castillo envió a Mella
un mensaje por medio de persona de alta categoría, anunciándole que, si ingresaba en el partido conservador, le nombraría ministro inmediatamente. Mella rechazó de plano el ofrecimiento. Cánovas le dijo después, dándole una
explicación y tendiéndole nuevos lazos, que harto
conocía que a los leones no se les cazaba con
liga. Mella contestó con una frase que en ocasiones parecidas repetía: «Había entrado en la vida
pública a la sombra de una bandera, y esa bandera, en el día de su muerte, le serviría de mortaja. Cánovas, que también quiso arrancarle al
Carlismo a su gran figura, por arrimar puntales
a la desvencijada Restauración y atacar de ese
modo a la fortaleza carlista, no pudo llevar adelante su intención porque Mella era un águila en
el Carlismo y no se podía convertir en gorrión
como los que picoteaban en el grano del presupuesto restaurador... Y porque había dicho que
jamás pensó arrodillarse delante de la injusticia
triunfante. Por eso fue y ha sido para el Tradicionalismo carlista la Restauración, los restauradores y sus sucesores.
SAB.


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