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EL

6RUP0

LA

HERMANDAD

El glorioso Alzamiento Nacional
del año 1936 fue, primordial y esencialmente, un levantamiento en defensa de los sagrados postulados
de la Religión y de la Patria.
Si la República no hubiese sido
tan sectaria y tan perseguidora de
los sentimientos católicos de la inmensa mayoría de los españoles, a
buen seguro que la sublevación del
mes de julio no se habría producido.
Un testigo de mayor excepción,
perteneciente al sacro colegio cardenalicio, el Emmo. Cardenal don
Isidro Goma, a quien la Historia,
España y la Iglesia le deberán hacer justicia por los innumerables
méritos que tiene acumulados su
actuación patriótico-religiosa, tiene
páginas bellísimas en sus escritos
pastorales de los años 1936-1939.
Hoy día el Cardenal Goma no
goza de «buena prensa»; ni van
acordes con su actuación y con su
postura las corrientes que azotan
nuestro rostro. Pero día llegará en
el que los escritos del Cardenal de
Toledo vuelvan a tener una gran actualidad, y serán citados continuamente, y su testimonio adquirirá
el rango que merece.
El gran cardenal toledano vivió
las primeras jornadas del Alzamiento Nacional en Navarra. Pudo ser
providencial —que Dios así lo quisiera que un testigo de tal altura
actuara de notario en las horas y
en los días que no tiene parangón:
que los viviera en Navarra —y actuara de notario— en una de las
más gloriosas horas de la gloriosa
historia de este antiguo reino de
Navarra: que fuera testigo presencial de lo que ni los ojos —casi—
podían dar f e ; de la eclosión masiva, tumultuaria y festiva del Alzamiento en Navarra.
El primero de los grandes escritos del Cardenal fue «EL CASO DE
ESPAÑA», fechado en Pamplona el
23 de noviembre de 1936. A pesar
de haberse hecho una edición de
20.000 ejemplares-edición que se
terminó en diez días—, hubo necesidad de hacer otras y otras, con
traducciones a casi todas las lenguas. En la segunda edición española, tuvo el Cardenal Goma la delicadeza de dedicarla a la Diputación Foral de Navarra. En la dedicatoria se lee:
«A la Excma. Diputación Foral de
Navarra- A nadie mejor que a esta
respetabilísima Corporación podía
ofrecer esta segunda edición de mi
folleto «El caso de España». Poquísimo vale. Pero aún así, y no DUdiendo hacerlo con don mejor, quisiera que la pobre ofrenda fuese el
índice de la admiración que siento por una Institución que con tal
sentido de tradición y progreso a
un tiempo, con autoridad tan fuerte
y respetada, tan cristiana y paternal, sabe regir a través de toda vicisitud política el pueblo navarro.
El verdadero CASO DE ESPAÑA sería éste: Oue dentro de la unidad,
Intangible y recia, de la gran Patria, pudieran conservar las características regionales, no para acentuar hechos diferenciales, siempre
muy relativos ante la sustantlvldad
del hecho secular que nos habló en
la unidad política e histórica de
España, sino para estrechar, con la
aportación del esfuerzo de todos,

ESCULTÓRICO
DE

unos vínculos que nacen de las profundidades del alma de los pueblos
íberos y que nos impone el contorno de nuestra tierra y el suave cobijo de nuestro cielo incomparable.
Así los rasgos físicos y psicológicos distintivos de los hijos traducen
mejor la unidad fecunda de los padres. Y así sería España, una de
substancia y rica de matices, si se
copiaran, de arriba y de abajo, los
ejemplos de esta Navarra, tan española y tan «ella». Pamplona, 8 de
diciembre de 1936. El Cardenal Arzobispo de Toledo».

DE "LA

CABALLEROS
entusiastas milicias nacionales, de
toda tendencia política, que ofrecieron, sin tasa ni pactos, su concurso al ejército, dando generosamente vidas y haciendas para que
el movimiento inicial no fracasara.
ES PRECISO HABER
VIVIDO
AQUELLOS DÍAS DE LA PRIMERA
QUINCENA DE AGOSTO EN ESTA
NAVARRA QUE, CON UNA POBLACIÓN DE 320.000 HABITANTES, PUSO EN PIE DE GUERRA MAS DE
40.000 VOLUNTARIOS, CASI LA TOTALIDAD DE LOS HOMBRES ÚTILES PARA LAS ARMAS, QUE DE-

Grupo escultórico «La Piedad», que en homenaje a la madre navarra,
por el heroísmo que desplegó durante la Cruzada, ha adquirido la
Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz. Obra realizada por
el insigne imaginero D. José López Furió.
En el escrito «El caso de España», de resonancias mundiales y
de un impacto sin precedentes, dice el Cardenal:
«Ignoramos cómo y con qué f i nes se produjo la insurrección militar de julio: los suponemos levantadísimos. El curso posterior de los
hechos ha demostrado que lo determinó, y lo ha informado posteriormente, un profundo sentido de
amor a la patria. Estaba España ya
casi en el fondo del abismo, y se
la quiso salvar por la fuerza de la
espada. Quizás no había ya otro remedio.
Lo que sí podemos afirmar, porque somos testigos de ello, es que,
al pronunciarse una parte del ejército contra el viejo estado de cosas, el alma nacional se sintió profundamente percutida y se incorporó, en corriente profunda y vasta,
al movimiento militar; primero, con
la simpatía y el anhelo con que se
ve surgir una esperanza de salvación, y luego, con la aportación de

JANDO LAS PARVAS EN LAS ERAS
Y QUE MUJERES Y NIÑOS LEVANTARAN LAS COSECHAS, PARTIERON PARA LOS FRENTES DE BATALLA SIN MAS IDEAL QUE LA DEFENSA DE SU RELIGIÓN Y DE LA
PATRIA. FUERON, PRIMERO, A
GUERREAR POR DIOS; Y HARÁ UN
GRAN BIEN A ESPAÑA QUIEN RECOJA, COMO EN ANTOLOJIA HEROICA, LOS EPISODIOS MÚLTIPLES
DEL ALISTAMIENTO EN ESTA NAVARRA QUE, COMO FUE EN OTROS
TIEMPOS MADRE DE REINOS, HA
SIDO HOY EL CORAZÓN DE DONDE HA IRRADIADO A TODA NUESTRA TIERRA LA EMOCIÓN Y LA
FUERZA DE LOS MOMENTOS TRASCENDENTALES DE LA HISTORIA».
En todos los frentes se ha visto
alzarse la Hostia Divina en el santo
sacrificio, y se han purificado las
conciencias por la confesión de millares de jóvenes soldados, y mientras callaban las armas resonaba
en los campamentos la plegarla colectiva del Santo Rosario.

PIEDAD'

VOLUN

Es que la Religión y la Patria estaban en gravísimo peligro, llevadas al borde del abismo por una política totalmente en pugna con el
sentir nacional y con nuestra historia- Por esto la reacción fue más
viva donde mejor se conservaba el
espíritu de religión y de patria. Y
por esto logró este movimiento el
matiz religioso que se ha manifestado en los campamentos de nuestras milicias, en las insignias sagradas que ostentaban los combatientes y en la explosión de entusiasmo
religioso de las multitudes de retaguardia. Quítese, si no, la fuerza
del sentido religioso, y la guerra
actual queda enervada».
Larga es la introducción que hemos dado a lo que queremos decir
sobre la decisión de la Hermandad
de Caballeros Voluntarios de la
Cruz: el que hayan encargado una
«Piedad» para perpetuar el heroísmo de las madres navarras en la
Cruzada de 1936-1939.
Nos parece una determinación
que encaja perfectamente con el
espíritu y con los ideales que movieron a Navarra a dar aquel ejemplo admirable en aquel glorioso 19
de julio. El testimonio, claro y rotundo, del Cardenal de Toledo nos
ahorra cualquier panegírico que
queramos hacer, interpretando los
hechos a que hacemos alusión.
La Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz se constituyó
canónicamente en Pamplona luego
de haberse terminado la Cruzada.
La finalidad de la misma, como
lo dicen los estatutos por los que
se rige, es guardar los ideales religiosos que motivaron la Insurrección masiva de Navarra. No olvidar
los sacrificios que supuso aquello.
Tener unas oraciones y unos sufragios en favor de quienes dieron su
vida por Dios y por España. La Hermandad abrigaba la buena idea de
perpetuar en un monumento religioso la heroicidad y la ejemplarizad
de las madres navarras al dar valientemente sus hijos para la reconquista de la Patria. Esta idea de
la Hermandad ha tenido una realización —que la juzgamos muy acertada— de esculpir un grupo con el
tema profundo y entrañable de «La
Piedad». Plasmar con la gubia la
circunstancia de la vida de Cristo,
después del descendimiento de la
Cruz, posando en los brazos de la
Virgen María; bonito, fino y adecuado recuerdo que encaja —salvadas las diferencias— con la postura y el comportamiento de la madre navarrense, cuando alentaba a
su hijo a ir a los frentes de batalla,
o cuando le traían el cadáver de
su hijo muerto del frente de batalla.
¡Cuántos casos recordamos de
madres que dieron un ejemplo admirable de heroicidad a la hora de
recibir los despojos del hijo cadáver! Por eso nos parece muy acertado el gesto de la Hermandad al
plasmar en un grupo escultórico, de
tan hondo significado religioso cual
es el de reproducir «La Piedad», en
homenaje y recuerdo a las heroicas
madres de los voluntarios de la
Cruzada.
La Hermandad tuvo suerte a la
hora de encontrar el artista que les
realizara la idea. Dieron con don