MonteJurra Num 52 Mayo Junio 1970.pdf


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L o primero y como presidente de la Comunión Tradicionalista de Galdácano, le comunico mi
renuncia a la suscripción que con
esa revista tengo contraída.
Motivo. La desviación doctrinal de esa revista que parece
estar de acuerdo con las declaraciones de cierto sector juvenil sobre el 18 de julio y con
las declaraciones del Príncipe en
Lignieres, que dicen textualmente: es necesario que arrimemos
el hombro junto con todos les
hombres que luchan para construir unidos, esas nuevas estructuras que el país necesita.
Dos motivos íntimamente ligados entre sí y en la total levadura del Carlismo. Parece ser
que tanto el Príncipe como esos
jóvenes y esa revista, han olvidado que el pueblo, lo que yo entiendo por pueblo, jamás traicionó ni se desvió de la verdadera esencia doctrinal del Carlismo y aunque perdona jamás podrá olvidar ni esa fecha ni aquellos acontecimientos.
N o es tan difícil enjuiciar al
18 de julio, y cuando ustedes
quieran se puede demostrar. P e ro lo que sí es difícil de demostrar, es la postura de los dirigentes del Carlismo en estes
treinta años de historia de la
postguerra, conducta que a m i
juicio es lo que se pretende borrar, esto es, ignorar la ineficacia colaboracionista en unas
ocasiones, el oportunismo en
otras y en las demás, traiciones
descaradas. N o hablando del 18
de julio, no se habla de sus dirigentes carlistas, porque ocultando esa fecha, se oculta la actuación de toda la jerarquía Carlista, el error es tremendo, no
existe mejor juez que el tiempo y no le obliguen a este juez
a recordar la actuación de todas
las autoridades incluidos nuestros abanderados, porque en ellas
verán las funestas consecuencias
que para el Carlismo se han derivado de estas actuaciones.
¿No comprende Sr. Director,
que pretender olvidar esa fecha,
es como pedir a los católicos y
a la Iglesia misma, que olviden
que Jesucristo fue crucificado y
por qué? ¿Cómo pedir a tantos
miles de familias y al Carlismo que olvide a sus mártires y
por qué lo fueron?
N o Sr. Director, el Carlismo
no se arregla olvidando el 18 de
julio, ni pactando con nuestros
enemigos de ayer, (que también
lo son ahora) sólo se arregla
siendo « C A R L I S T A » porque hoy
carlista, carlista, salvo raras excepciones sólo es el pueblo, lo
que yo entiendo por pueblo.
Estamos criticando en los demás lo que nosotros estamos haciendo: en el Carlismo todo son

secretes, los nombramientos se
realizan a dedo, y la representatividad brilla por su ausencia,
antes el Tradicionalismo educaba a sus miembros, hoy sus
miembros educan al Tradicionalismo con el total olvido del pueblo. Esto tiene que desaparecer
y no por el camino del olvido,
que sólo conduce a la desmembración de nuestra causa, somos
Comunión y somos Tradicionalistas y no es en el olvido donde
está nuestra solución, sino en el
recuerdo y en el cumplimiento exacto de nuestras leyes.
El cumplimiento de nuestras
leyes, es el reconocimiento de los
derechos del pueblo, de sus libertades, con hechos, no con palabras, donde el Rey sea para
el pueblo y donde el pueblo se
sienta soberano del Rey.
Todo esto que es la esencia
del Carlismo, es lo que se pretende olvidar borrando el 18 de
julio, pactando con nuestros enemigos de ayer (y de hoy) asesinos en cárceles y barcos, incendiarios de Iglesias y Conventos;
no y mil veces no a las prrtensiones de esos jóvenes, al beneplácito de esa revista y a las declaraciones del Príncipe Carlos. El
Carlismo tiene esencia para no
necesitar de esos condimentos,
porque eses pactos ya los realizó la familia liberal por los años
45 y 47 por el entonces cabeza
Don Juan, y aún recuerdo el
juicio y la propaganda que hicieron nuestras autoridades. ¿O
es que ya no lo recuerdan?
Sólo pido sensatez y respeto
a nuestros ideales, a nuestros
Mártires y a nuestra santa causa, el Carlismo no necesita actualizantes porque se actualiza
sólo, es tradición y presente y
créame de verdad, el Carlismo
hoy nos necesita más que nunca
y hoy más que nunca estamos ignorándolo.
Hagamos
Carlismo
todos,
abanderados, autoridades y pueblo, pero hagamos que los primeros respete! nuestras leyes y
derechos y el Carlismo se habrá
salvado, el verdadero carlista
está harto de respetar y que no
le respeten, harto de desviaciones y de doctrinas marxisteides,
no necesitamos líderes sino abanderados, no socialismos sino Carlismo, no olvidos sino recuerdos
porque puestes a olvidar olvidaremos todo, hasta nuestros abanderados si ellos pretenden olvidarse de nosotros; y no olviden
que para un auténtico carlista el
último español puede ser su R e y .
Julián Alonso Velasco
(Galdácano)
N. de la R. — Con esta carta, volvemos al tan debatido tema del 18 de julio y decimos debatido, por la prolusión de polémicas a todo rango y a todo nivel que se han difundido por to-

dos los sectores de la Nación; similares polémicas han surgido
con los términos
Movimiento,
Nacional-Sindicalismo...
etc. etc.
hasta el punto de que no hace
muchas fechas y en uno de los
más significados diarios de la
capital se dilucidaba entre ilustres juristas, y lo más sintomático es que algunos de ellos colaboraron en su
estructuración,
sobre la significación
jurídica
del Movimiento,
sin ponerse de
acuerdo en ello.
Esto da que pensar al más
pintado y no es difícil el que
muchos lleguen a la conclusión
de que si el 18 de julio fue un
hecho incontrovertible,
los derechos que de él han surtido no
son tan claros como aparentan.
A este respecto le indicaremos
como ejemplo las palabras de D.
Laureano López Rodó, a Salvador Paniker, en el libro "Conversaciones en Madrid":
"Con el
transcurso del tiempo se puede
adquirir un derecho. También la
pátina del tiempo
confiere a
una ley nueva fuerza y la hace
tomar curta de naturaleza en la
conciencia pública. Así es como
se construyen —en la realidad,
no in nitro— los pilares fundamentales de la constitución
política de un país": Esta afirmación tan rotunda y grave, encierra dos pensamientos a nuestro
entender; uno negativo y otro
práctico o positivo- Uno negativo porque se deja entrever que
no importa quienes tengan derecho o no a la estructuración
política de una nación sino los
que de hecho la han estructurado, sea por los medios que sea,
y más negativo todavía si se siguiera practicando el mismo sistema. Y otro positivo o práctico
porque evita el volver a discusiones sobre cosas pasadas y a trabajar sobre lo que de hecho existe hoy en nuestra patria.
Con ello queremos
aclarar
nuestra postura y demostrar que
quien se ha olvidado del ¡8 de
julio no es en ningún
momento
ni D. Carlos, ni los jóvenes, ni
la revista, sino los que el iç
de julio empezaron
a montar
unas estructuras sin solución a
los orígenes del mismo, o por lo
menos, y creemos que esto le
será bien patente, no las que los
Carlistas anteriores, del momento, ni posteriores
propugnaban.
Por otra parte hay algo que
la juventud carlista, necesita que
se le aclare minuciosamente.
Si
el Carlismo luchó por la mera
existencia de Dios en nuestra
patria, con sus imágenes, iglesias
y confesionalidades.
Si
luchó
por la existencia de la Patria, su
Bandera y su Himno, ganó las batallas y ganó la guerra. Pero si
luchó por la implantación de la
doctrina de Cristo, por las libertades laborales, de asociación, de
prensa, regionales e intelectuales
en nuestra Patria es evidente que

ganó las batallas, pero no la guerra y para la juventud es un hecho, justo o no, que ustedes el
18 de julio perdieron una guerra
y entre ustedes y nosotros tenemos que ganarla.
Este es su "socialismo" y su
"marxismo",
obtenido de abanderadas que sólo conocen de
causas nobles y por ellas se mueven en todo el mundo y por el
Concilio Vaticano II, Populorum
Progressium y demás textos Vaticanos que son maravillosas palabras, pero sólo palabras, que
después nosotros los cristianos
les damos vida con los hechos.
Respecto a la organización jerárquica y representativa y en lo
que respecta a los nombramientos de cargos a dedo, Señor Presidente de la Comunión
Tradicionalista de Galdácano, ni entramos ni salimos, pues consideramos que no es labor directa de nuestra revista y el acierto o no de la línea a seguir es
problema que a diario hay que
resolverlo entre todos. Con entrega, disciplina y gran sentido
práctico.

Estadísticas
Una frase escuchada a través de Radio Nacional de España me dio la idea. Señalaba como un gran logro de las estructuras sociales vigentes el hecho
de que en el período de un año
los obreros readmitidos en las
empresas después de las sentencias favorables en este sentido
de las Magistraturas de Trabajo
habían sido muy numerosos.
Se intentaba, una vez más, a
través de unas cifras estadísticas
reflejar la realidad. No cabe duda de que las cifras son ciertas
y de que los números no mienten.
Pero el lanzar unos números al
público sin más aditamentos puede convertirse en el procedimiento más sencillo para ocultar la
verdad en toda su dimensión.
Da miedo comprobar como se
manejan las estadísticas de forma tan alegre. El caso al que me
refiero en esta carta no es el
único ni mucho menos; es uno
más entre la larga cadena a la
que tan acostumbrados nos tienen nuestros ministros y agencias informativas.
Bien; vames a intentar ver un
poco mes de cerca el caso de
los trabajadores readmitidos.
Creo que no se puede presentar, sin más ni más, como una
conquista política o social los
resultados globales de la actuación de las Magistraturas de Trabajo. Y la razón no puede ser
más sencilla: ¿cuántos de los
trabajadores que obtienen sentencia favorable a la readmisión son, efectivamente, readmitidos?