MonteJurra Num 58 Febrero 1971.pdf


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OPINAN
los lectores

C o n las m a n o s
arriba

muchas razones en mi libro. Razones que intuía

y también poseo testimonios, eran sinceros y pen-

cindí cuando carecía de pruebas irrecusables en

saban que era preferible la monarquía de los
carlistas, en el caso, claro está, de que hubiera

qué apoyarlas.

y

Hay una constante en los comentarios de Jo-

bandera blanca
Leí con detenimiento el artículo de José Carlos Clemente dedicado a mi libro CONSPIRA-

tanto dice al corazón de los antiguos cruzados
del Ideal. Pero, dada la índole del comentario
y del tema que en sí aborda, hablé de recurrir a
la caballerosidad del director de la revista en
súplica de que me permita, siquiera por una vez,
hacer uso de sus columnas para puntualizar, tan
amistosamente como requiere la integridad de

sé Carlos Clemente, lo mismo en la revista MUN-

Dionisio Ridruejo y sus amigos de «La Ballena Alegre», según testimonio de José Carlos

que el grupo «carloctavista» no se dispersó du-

Clemente, era de los primeros. No me sorprende.

rante la guerra, y que «dividió nuestras fuerzas

Y aún puedo añadir de mi parte que cuando fue

en mementos trascendentales».

Delegado Nacional de Propaganda D. David Ja-

Pero, aunque no lo quiera creer José Carlos

to, dio la consigna de apoyar a don Juan donde

Clemente, la verdad es que durante la guerra no

prevalecieran los carlistas y a don Carlos donde

hubo manifestación ni actuación alguna del ar-

hubiera juanistas. Como verá José Carlos Cle-

chiduque ni de sus partidarios. Don Carlos lle-

mente, don Javier de Borbón, a la sazón Regen-

gó a Andorra en 1941 y fue entonces cuando sus-

te, no contaba en las elucubraciones maquiavéli-

citó la atención del sector carlista que temía que

cas de estos señores. El dilema era «o don Juan

las aguas se orientaran hacia el predio de don

o don Carlos».

«Colaboraron —dice— con les falangistas para que no se produjera una adhesión total del

De todas formas, tcdo esto es ya agua pasada que no mueve molino, me presento con los
brazos en alto y desarmado, y en mi bandera
blanca sólo hay escrita una palabra: parlamento.
Porque las circunstancias

Me

Juan.

José Carlos Clemente, algunas de sus apreciaciones.

hacen que sin este

parlamento, sin un diálogo cordial, me toque
llevar la peor parte en una controversia que mi
libro, meramente expositivo, no quiso suscitar. Y
ya no existe aquella prensa «carloctavista» a que
hace referencia José Carlos Clemente, que pudiera alegar argumentos positivos en su favor.
Con la misma integridad que José Carlos Cle-

pueblo carlista en la persona de don Javier de
Borbón-Parma». Y lamento contradecirle y defraudarle. En aquel entonces —y lo digo con el

otros la del archiduque. Y hoy, cuando todo el
mundo ha tomado posiciones, no tengo empacho
en proclamarlo y mantenerme leal a su memoria. Y a sé que no se lleva, que es, como decía
antes, agua pasada. Pero importa mucho, «desde la última vuelta del camino», ser fiel a unas
actitudes y a unas convicciones que presidieron
absorbentemente las ilusiones

todas de la ju-

ventud.
Muchas cesas debería puntualizar a José Carlos Clemente. Pero me doy cuenta de mis limitaciones, de la hospitalidad que se me brinda

permito rogar a José

Carlos Clemente

que eche la vista atrás y compruebe dónde están ahora la mayoría de aquellos dirigentes que
propugnaban la Regencia y dónde están los que
seguían las banderas del nieto de Carlos VII.
Y en cuanto a estafas, fondos

ministeriales

máximo respeto a don Javier— el carlismo pro-

y demás acusaciones que insinúa en su comenta-

pugnaba únicamente el establecimiento de una

rio, lo correcto sería publicar pruebas fehacien-

Regencia, nada se sabía del paradero del Re-

tes para demostrar tan graves asertos. De lo con-

gente. El dilema no estaba planteado entre «Don

trario sería una ligereza haberlos propalado.

Javier o don Carlos», sino entre «Don Juan o

Y si por algún botón de muestra ha dado José

don Carlos». Casi todos los jefes carlistas de al-

Carlos Clemente en generalizar, también yo po-

guna significación o prependerancia en el parti-

dría probarle que personas y entidades sometidas

do, sabíase que orientaban sus preferencias ha-

a la disciplina de don Javier recibieron subven-

cia don Juan.

ciones, ayudas y protección de F E T y de las

Esta situación se prolonga hasta 1945, y en

JONS. Y conste que he dicho que podría pro-

1946 se inician los primeros contactos con Estoril.

barlo. Sin que esto me permita, no obstante,

Del

generalizar y atribuir la picaresca o el sentido

mente está dispuesto a defender la causa de
don Javier de Borbón-Parma, defendimos nos-

monarquía.

D O que en MONTEJURRA, tendente a afirmar

CIÓN Y GUERRA CIVIL en el número 56 de la
revista MONTEJURRA, cuyo nombre evocador

sor del Generalísimo Franco. Otros, en cambio,

y comprendía muy bien, pero de las que pres-

1." de mayo de 1949 es la petición de los

sacerdotes

navarros al

Príncipe Regente

para

de aprovechamiento a toda la organización.

que se designara urgentemente un sucesor y he-

No creo que José Carlos Clemente se gane con

redero de don Alfonso Carlos. Y la proclamación

sus acusaciones «Las iras de antiguos «carlocta-

de don Javier es de fecha 25 de junio de 1950.

vistas» que actualmente acatan la autoridad de

El «carloctavismo», pues lo que hizo fue antici-

don Javier». Estos «carloctavistas» deben estar

parse, resolver a su modo el pleito y proclamar

acostumbrados. Para ellos mi admiración y m i

heredero sin esperar a que actuara la Regencia.

recuerdo. Reñimos una batalla inútil, pero te-

Lo mismo que hicieron los carlistas en Vevey

nemos conciencia de que luchamos ardientemen-

proclamando a Carlos VII, anteponiéndole a su

te por un noble ideal y nunca abdicaremos de

propio padre, que era nada menos que el rey le-

nuestras convicciones. Aunque ya no sirva para

gítimo.

nada.

¿Podían, por otra parte, «inventar» Dionisio

Tengo que reiterar las gracias al director de

quiera levemente al señor del castillo que me

Ridruejo y demás camaradas de la Falange el

la revista MONTEJURRA por haberme permi-

acoge de anfitrión. Ocasión habrá, en efecto, de

«carloctavismo» en las reuniones de «La Ballena

tido esta puntualización que, para evitarle com-

relatar la historia completa en otro libro, con la

Alegre»? El verso se cae por sí solo, pues si bien

promisos mayores, no quiero alargar más. En

en la revista y no puedo ni quiero ofender si-

misma sinceridad, con la misma honradez con

el archiduque no hizo su aparición en España

realidad, no tenía ninguna obligación para con-

que me he retratado a mí mismo en CONSPIRA-

y comenzó la actuación de sus partidarios hasta

migo y es de caballeros reconocerlo y procla-

CIÓN Y GUERRA CIVIL cuando tantos cambian

que la guerra mundial le obligó a abandonar su

marlo.

de cara, se avergüenzan de aquella y pretenden

residencia

en Austria, la corriente de opinión

Lamento que en un libro de casi mil páginas,

volver a sus posiciones de partida «con las ma-

en su favor había nacido incluso antes de que

escrito con el corazón en la mano y la verdad en

nos limpias de sangre».

falleciera don Alfonso Caries en 1937.

Procuraré ser lo más conciso posible y des-

Mantuve contacto con muchos falangistas de

pojarme de toda actitud polémica. Sólo que en

aquella época y puedo afirmar que, efectivamente,

Historia —lo dije en mi libro— hay que estar

algunos podían estar interesados en entorpecer

a lo que salga, y lo que sale debe ser probado

la solución monárquica, aunque ahora anden ves-

razonablemente. De mí sé decir que pude dar

tidos de púrpura en torno al proclamado suce-

la pluma, hombres sinceros y admirables como
José Carlos Clemente me concedan imparcialidad

en todo, menos en unas cuantas

páginas

que sólo son expresivas de una fe y de una ilusión quebradas.
JAIME DEL, B U R G O