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OPINAN

los lectores

La nueva línea de
la revista Montejurra

Aunque no soy suscriptor de la
revista que Vd. tan dignamente dirige, m e animo a escribir por si tienen a bien que esta carta sea publicada en la sección « O p i n a n los
lectores». Con gran sorpresa he leído su anterior número dedicado al
Integrismo. Un gran trabajo que
ha reunido los muy distintos aspectos desde la Prensa, caso de « E l
Pensamiento Navarro», a lo que un
colaborador viene a llamar Integrismo cultural.
Suelo comprar en quioscos habitualmente la Revista M O N T E J U R R A y cada vez m e doy más cuenta del interés que viene despertando en ámbitos tanto trabajadores
como universitarios en esta ciudad
de Valencia. Pienso que el primer
paso que han dado era el que durante tanto tiempo venía necesitando la Revista, es decir, el dejarse
de hablar de puertas adentro del
Carlismo para pasar a ser una tribuna abierta, capaz de enfocar con
objetividad y profundidad los problemas de la nación. P o r supuesto
que la Revista contiene todavía páginas dedicadas a la doctrina carlista, y bueno será que continúen y
se incrementen, incluso, con otras
tan buenas firmas. P e r o insisto que
el cambio que la Revista ha dado
hacia una ampliación de los problemas del fuero interior de los carlistas, cristalizados en una apertura de temas y comentarios de política nacional e internacional, así
como el enfoque de los sucesivos
trabajos sobre Cultura y de otros
espacios, sin olvidar el fino y penetrante sentido de los chistes de
un cuidado humor político, hacen
de « M O N T E J U R R A » una revista
muy digna de tener en cuenta a la
hora de hacer un balance de las
revistas de información de nuestro
país.
Quisiera también señalar cómo la
nueva línea apunta hacia lo que
un procurador carlista ha señalado algo así como la aportación que
el Carlismo está haciendo a los
planteamientos políticos del país,
ya sean desde dentro o desde fuera de la ortodoxia política marcada por el Régimen. P e r o sea como
fuere es necesario reconocer que el
criterio periodístico que V d . está
llevando es adecuado para dar a
conocer el Carlismo más joven y
avanzado. Con demasiada frecuencia la idea que se tiene del Carlism o es que no ha captado los fenómenos sociológicos, económicos y
políticos más recientes. N o dudo que
quizá otro carlismo, no tan al día,
esté fomentando esta arcaica y perjudicial idea, caso de algunas otras
publicaciones que por carlista se
hacen pasar.

L a Revista « M O N T E J U R R A » con
su apertura a una mayor comprensión e, incluso, a una muy nueva
planteamiento del Carlismo, está
cumpliendo una importante misión
a la hora de informar sobre qué es
hoy el Carlismo, pero el Carlismo
vivo y combativo que se hace notar
en las Cortes o en la opinión pública nacional.
Sólo quería, por último, agradecer a Vds. su interés y m i más franca felicitación.
JORDISOLER
Valencia

Asociacionismo
político
desilusión y afirmación
Sin ánimo de sacar chispa a nada, cosa que no es m i especialidad
ni vocación, quiero hacer una serie
de comentarios a la vista del Anteproyecto del Régimen de Asociaciones de Acción Política y algunas
posturas suscitadas en torno a él.
N o escapa a ningún medianamente asiduo lector de prensa, la cantidad de tinta gastada en el tema.
Pero tampoco puede escapar el hecho de que la mayoría de esa crítica, esté condicionada a intereses de
grupo, que por una causa u otra,
directa o indirectamente están ligados al Gobierno. P o r lo que en sí
su posición es un tanto ficticia.
En primer lugar dejo a un lado
los once últimos títulos, harto debatidos ya, que solamente tratan de
marcar una vía estrecha a un fin.
P o r lo tanto, voy a la postura que
queda definida en el título 1.°,
— O B J E T O DE E S T A S N O R M A S — .
Señala en su único artículo, el derecho de los españoles a asociarse
libremente para fines lícitos y la
ilegalidad de todos los que se asocien al margen de las Normas en
el Anteproyecto establecidas. Que
suponen la aceptación de un Movimiento Organización y de unas L e yes Fundamentales. Quedan nulas
aspiraciones no sólo a la conquista
de político, sino también a la participación en él.
Esta es la postura y aquí es donde está el fondo de la cuestión, el
fondo del mal de la sociedad española. Unos dentro y otros fuera
¿Por qué? P o r la situación de privilegios existentes.
Es de derecho natural la libre
asociación, respetando la convivencia, que nunca puede estar regulada por unas leyes que atenten contra
la actuación consecuente del hombre con arreglo a su conciencia y
pensamiento. So pena de caer estas leyes en la ilegitimidad, que es
la única real ilegalidad.
En simple comparación, se obser-

va una discrepancia con el objeto
del Anteproyecto quedando mal
parada la referida licitud, al excluir a todos los que no comulgan
con el Movimiento o con la versión oficial y actual de él.
Tampoco hay que olvidar que antes de todo se nace y se es hombre,
con libertad plena natural, para
orientar y alcanzar los fines para
los cuales tenemos yida. En consecuencia, este hecho ' y esta condición es primordial a todas las demás.
Desde esta perspectiva no se puede mirar el Anteproyecto fríamente como un hecho, sino como una
postura derivada emanativamente
de la constitución de l a sociedad,
diferenciadora y determinante, según apetencias y necesidades, concretadas en la disyuntiva y exigencia de la política exterior y en la
convivencia interior de mantener el
actual estado de cosas, han nacido
estas normas. Nadie se engañe, o lo
que es peor, con etiquetas falsas
trate de engañar. N o es bueno ni
malo el efecto en sí, sino por donde proviene, la causa, que indudablemente sólo por serlo le transmite su cualidad.
Se puede decir que respecto al
problema del asociacionismo existen dos posturas. Una de aperturism o real y que sostiene que no se
puede hablar aisladamente de l i bertad política, sino en un marco
más amplio de libertades, sindical,
regional, universitaria, e t c . , sin
cotos, parcelas o prohibitivos para
nadie. Y que con los puntos de
partida que sienta el Anteproyecto, los estímulos para ir al asociacionismo son nulos.
Y otra de aperturismo a la española en la que se considera en que
el Anteproyecto sirve haciéndole
unas reformas imprescindibles y se
le v e a ésto como un medio de esclarecer la vida y el juego político
español.
En esta segunda postura, se parte
de la base de que desde dentro se
puede hacer algo, el caso es empezar. Poco realista y atrayente para el Pueblo que lleva muchos años
fuera, con demasiada paciencia y
bastante indiferencia.
D e todas formas ahí está el A n teproyecto. Cada cual que saque sus
conclusiones. L a mía es que el camino es largo y común. Unamos
nuestros anhelos por las libertades
para todos. Cuando no hay libertades no hay restrinciones. Estas nos
las recuerdan día a día. Si buscamos con autenticidad, bajo cualquier campo, sector, ideología o bandera, una sociedad mejor y más
justa, caminemos juntos, aunque no
fundidos, aún por encima de nuestras diferencias políticas y si se
quiere, prejuicios históricos. P o r
eficacia, así nos lo exige el B I E N
C O M Ú N al cual todos nos debemos.
F R A N C I S C O U.
(Madrid)

Socializar mejor
que nacionalizar

A pesar de que el último número
de la revista es el 58, quiero ahora,
si se me permite, referirme a un artículo publicado en el número 53
bajo el título « U n artículo socialista? firmado por P. A., con el que
estoy francamente de acuerdo.
Pero hay un desliz que conviene
subsanar, para evitar equívocos.
Desliz quizás tribuible a error tipográfico o a copia inconsciente de
fórmula ajena.
Se lee: « a l año siguiente, en el
manifiesto nacional del A . E. T. a
la Universidad española, se pedia la
nacionalización de la Banca privada y la municipalización del suelo urbano, entre otras medidas para evitar la explotación capitalista
en España». L a verdad es que en
este manifiesto, redactado en un
cursillo veraniego en Burgos, se pedía la socialización de la Banca.
Socializar es término más amplio
que no especifica el órgano público
encargado de la gestión de lo socializado y que conlleva la exigencia
de servicio a la sociedad. En cambio nacionalizar, es hoy sinónimo
de estatizar aunque se efectúe por
mero prurito colectivista.
Una Banca nacionalizada supondría en España un único organism o crediticio que tendría el monopolio de esta función y exarcebaría
la aberración óptica que el centralismo impone a nuestra economía.
D e aquí, el fervor con que, desde
posturas fascistas, se exige la nacionalización de la Banca.
Nuestra visión foralista exige la
eistencia de Bancas públicas regionales, que sirvan al desarrollo de
sus respectivos países. Sería el único camino de escapar del predominio de la plutocracia bilbaína y madrileña, sin caer en una burocracia
centralizadora, que ahogue la función del crédito. Si nuestro federalismo ha de favorecer, en primer lugar, a las regiones pobres es, en este aspecto económico, donde primero han de resaltar sus efectos.
Y junto a los bancos regionales
integrarían la Banca socializadora
hispana, los cooperativos, los sindicales, los de los demás cuerpos intermedios que deseen crearlos y los
mismos estatales. Todos ellos sujetos a los imperativos de un P l a n N a cional de Inversiones pactado por
Gobierno y Cortes. Esta es una de
las reformas socio-económicas que
el Carlismo propugna.
ENRIQUE ENCISO
Calahorra (Rioja)