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Title: guía sobre cultivo ajos

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De la tierra a tu cocina: Guía para el
cultivo de ajos.
Los ajos son conocidos en muchísimas culturas por brindar sabor, aroma y fuerza a todo
tipo de platillos. Su presencia se destaca en las gastronomías asiáticas, latinas, europeas y
africanas; son versátiles y hacen un gran trabajo en todos los platillos que representan,
aunque sin llegar a ser protagonistas, consiguen hacer lujo de su presencia desde el primer
mordisco.
El consumo de ajo es ancestral. Se cree que se originó en Asia Central y rápidamente se
expandió por Egipto, la India y varios países del medio oriente (donde se encuentra muy
presente hasta la fecha) En aquel entonces se le usó en la herbolaria y medicina antigua.
Al día de hoy, el ajo se ha popularizado en todo el mundo, convirtiéndose en un
imperdible en nuestra mesa. Pero lo que muchas personas no saben, es que el ajo también
ha adquirido un importante nivel de popularidad como vegetal en los huertos caseros,
aportando múltiples ventajas y siendo idóneo para los agricultores principiantes.

Un amigo gastronómico en casa.


El ajo, cuyo olor y sabor pueden ser para muchos un gusto no adquirido; para la gran
mayoría el ajo supone un aliado inmejorable, cuya presencia es primaria en todas las
comidas.
Los beneficios que otorga el ajo a la salud son milenarios, algunos de los más conocidos
son:
-

Mejora la salud cardiovascular: el ajo ayuda a mejorar los niveles de circulación de
la sangre, haciéndola más diluida, esto contribuye especialmente a las personas
con riesgos de trombosis.


-

Es un antibiótico natural: muy utilizado en la herbolaria antigua para ayudar a las
personas propensas a sufrir infecciones. Hoy día es común que se recete como
alternativa natural a los tratamientos de hongos o infecciones generales. También
fortalece el sistema inmunológico y la cicatrización de heridas leves.


-

Ayuda a desintoxicar el organismo en general. Ayuda a depurar toxinas mediante la
limpieza del hígado. A demás por ser rico en vitaminas A, B y C contribuye a
estimular las funciones hepáticas; incluso para los pacientes que ya padecen de
hígado graso, consumir un diente de ajo a diario, ayuda a depurar el organismo.


-

El ajo a demás es aliado de la piel, y combate los hongos en las uñas. Aunque su
fuerte olor pueda persuadirnos de usarlo en nuestra rutina de belleza, los ajos son
ricos en antioxidantes y ayudan a mantener una piel más sana, joven y tersa.


-

Ayuda en las funciones digestivas, controlando problemas gástricos como acidez y
reflujo y contribuyendo a la salud del intestino, nivelando los niveles de bacterias,
la flora y evitando las diarreas.

A demás de la vida que otorga a todos los platillos y los beneficios que otorga a la salud, el
ajo es extremadamente sencillo para sembrar ¡Es bueno por todos lados! Y seguramente
apreciarás tener un aliado para tu cocina al alcance de tu ventana o tu huerto de jardín.

Te invitamos a cenar.
Encontrar el mejor momento para invitar a tus ajos es el primer paso. Dependiendo de la
región donde vivas, si se trata de un país de cuatro estaciones, el mejor momento para
sembrar será al principio de la primavera y a mediados del otoño. Si en la región donde
vives el invierno es muy fuerte o hay importantes nevadas, lo ideal es sembrar en
primavera, luego de que pase la temporada más fría; ten en cuenta que los ajos aunque
muy resistentes, no logran sobrevivir a temperaturas menores a los 20 grados centígrados
bajo cero.
Aunque si los inviernos no son particularmente fuertes, se debe entonces hacer caso del
refrán los ajos por Navidad, ni nacidos ni por sembrar y sembrarlos a mediados del otoño,
permitiendo que se desarrollen durante las fechas decembrinas.
Si por el contrario vives en una región tropical, dividida en temporadas de lluvia y sequía,
debes saber que los ajos no son buenos bebedores; por lo que es necesario optar por la
temporada seca, y evitar que estén expuestos a períodos húmedos o mucho calor (vapor
en el ambiente).
Un buen tip para las personas que viven en climas tropicales es el de colocar los ajos en el
refrigerador unas cuantas semanas antes de plantarlos (de esa forma se estimula el
crecimiento y desarrollo de los ajos).
Preparar el suelo (o la maceta) no resultará muy complicado, solo debes hacerte de una
tierra abonada de buena calidad, suelta y con un buen drenaje. Los ajos requieren buenos
niveles de nitrógeno en la tierra, por lo que tener abono orgánico de buena calidad será
imperativo. También es importante fertilizar al menos cada 6 semanas, para ayudar a que
la tierra no pierda los nutrientes (especialmente cuando se trata de siembra en maseta)
Puedes sembrar dientes de ajo (en este caso los llamaremos semillas) comprados de un
vivero local, o en su defecto, ajos frescos (asegúrate de que estén recién cosechados) de
un supermercado orgánico; pregunta donde fue cosechada esta variedad y asegúrate de
que no sea importada (de esta forma tendrás mejores oportunidades de una cosecha
exitosa.
Si se quiere evitar una posible plaga, otro tip útil que puede considerarse antes de la
siembra, es la de impregnar los dientes de ajo que serán sembrados con fertilizante,
alcohol u otro desinfectante, para evitar alguna posible peste o enfermedad que pueda
venir ya en la semilla y pueda propagarse en la planta.

Poniendo la mesa.
Ya tomando en cuenta todas las consideraciones anteriores, llego el momento de sembrar.
El procedimiento es bastante simple y se realiza en los siguientes pasos:
1) Determina un lugar soleado de tu azotea o huerto, un compañero de mesa ideal
para tus ajos, pueden ser las lechugas, coliflor, repollo y betabel (incluso, si
quieres ser más creativo, los ajos son muy románticos, y les encantan las rosas); a
quienes protegen naturalmente de ciertas pestes. Pero por el contrario no se llevan
bien con las patatas y las legumbres, por lo que debes tomar esto en consideración

al momento de diseñar tu huerto.

2) Una vez elegido un punto soleado, coloca una maceta profunda (o el espacio de
suelo correspondiente) con su tierra disuelta y drenaje óptimo abriendo pequeños
agujeros de 6 centímetros de profundidad en la tierra, a una distancia de 10
centímetros cada uno, asegúrate de que la parte plana del ajo mire hacia abajo, y
la puntiaguda hacia arriba, de esa forma los ajos crecerán correctamente.

3) Los ajos comenzarán a dar tallos aproximadamente a los 11-15 días de siembra, a
partir de este punto es importante cuidar el riego, la exposición solar y la maleza
que pueda crecer a su rededor, ya que ellos no son muy buenos competidores en
sus estados iniciales. 

4) Evita el florecimiento de los ajos. Corta cualquier flor que pueda salir en un tallo,
especialmente si realizaste la siembra durante la primavera. El florecimiento hace
que los bulbos se desarrollen más pequeños.

5) Riega tus ajos cada 3 a 5 días (dependiendo de la cantidad de lluvia que esté
presente en el ambiente) al momento en que veas que el suelo está seco y
polvoriento, es cuando sabrás que el ajo necesita agua, por lo demás evita regarlo
en demasía.

6) Si tus ajos comienzan a presentar un aspecto apagado o amarillento, tal vez sea el
momento de utilizar fertilizante, especialmente si están sembrados en maseta
(donde como sabes, se “lavan” los nutrientes) al igual que eliminar cualquier plaga
que pueda crecer a su rededor.

7) Los ajos tardan aproximadamente de 4 a 8 meses en culminar su proceso de
desarrollo hasta la cosecha, por lo que tendrás que tener mucha paciencia, los
factores que determinarán la velocidad del crecimiento tienen que ver con la
variedad de ajo utilizada, la época del año en el que sean plantados y finalmente,
las condiciones climáticas a las que se encuentren (o incluso los compañeros de
siembra que tengan a su lado).

8) Al momento de desarrollarse los ajos, deben mostrar tallos rectos, verdes y
fuertes, esto determinará el estado interno de tu planta, revisar con frecuencia los
tallos es muy importante para evaluar el desarrollo interno de la planta, que nunca
debe ser removida hasta el momento de su cosecha.


Comensales indeseados.
Los ajos a pesar de ser muy resistentes a ciertos virus y bacterias, no son totalmente
inmunes a todos los posibles enemigos de los vegetales que están presentes en el
ambiente. En ese sentido debes estar especialmente precavido a:
-

Mosca de la cebolla: Como su nombre lo indica, tanto las larvas como la mosca
desarrollada adoran a las cebollas, el cebollín, puerros y por supuesto los ajos.

Generalmente es posible ver sus larvas negras o colocan huevos alrededor del tallo
de la planta, por lo que es recomendable revisar cada tanto el tallo para prever su
presencia.
-

Hongo Mildiu: Conocido como Peronospora destructor requiere condiciones frías y
húmedas para su desarrollo, aunque sobrevive en restos de cultivos o en suelo. Las
esporas pueden ser diseminadas por viento o a través de salpicaduras de lluvia o
riego por aspersión. La esporulación aumenta cuando se incrementa la humedad,
por lo que es necesario controlar el riego. Para prevenirlo, es aconsejable la
rotación de cultivos, riego por goteo, eliminación de restos de cultivos y
orientación del surco en dirección de los vientos dominantes, pueden ayudar a
prevenir la infección. Se recomienda aplicar fungicidas preventivos.


-

Saltamontes: propensos a comerse tanto los tallos como los bulbos, en tiempo
récord; es necesario realizar una fumigación preventiva antes de la siembra para
asegurarnos que no sufriremos de esta plaga.


-

Ratones: muchos ratones realizan ratoneras alrededor de las plantas de ajo,
especialmente si estas están siendo protegidas del frio por una capa de musgo. Si
ese es el caso debes estar atento a la presencia de roedores que se puedan estar
comiendo tus ajos.

En la mayor parte de los casos, no hay mucho que hacer en lo referente a las
enfermedades, por lo que las medidas preventivas son muy importantes y preparar un
suelo y semillas correctamente es muy importante, al igual que la revisión constante de
las plantas, para evitar que las enfermedades o plagas se propaguen rápidamente.

La cena está servida.
Sabrás que los ajos están listos al momento en el que los tallos comienzan a tomar un tono
amarillento y decaerse, en ese punto, puedes comenzar a cosechar tus ajos, es importante
no cosecharlos antes de tiempo (por la falta de maduración) o dejarlos muchos días en
estado de maduración, pues pueden comenzar a deteriorarse los bulbos de ajo.
Arranca los ajos sujetando el tallo desde la raíz y hala con un movimiento fuerte pero no
brusco, evita romper el bulbo del tallo, puedes ayudarte con una pala si vez que es
complicado.
Posteriormente debes colgar los ajos, idealmente sin separarlos del tallo, en un lugar seco
donde puedan airearse y secarse, este proceso se conoce como la curación y dura
aproximadamente unas 2 semanas, no debes consumir el ajo antes de este proceso.
Cuando la piel exterior del ajo se vea seca y comience a desprenderse, sabrás que llegó el
momento ideal para consumir tus ajos. El proceso toma tiempo, pero es altamente
gratificante, puedes aprovechar esta primera cosecha para preparar la segunda ¡Con
apenas una cabeza de ajo! Los demás los puedes utilizar en innumerables recetas, y
jactarte de que si, son tus ajos caseros.
También pueden consumirse los tallos del ajo, que cortados finamente y agregados a salsas
o legumbres le aportan un sabor fuerte y picoso a las preparaciones, siendo en muchas
ocasiones, una opción interesante al ajo.
Los ajos pueden ser almacenados de forma tradicional, colocándolos en un sitio seco y
aireado, atados unos con otros y colgantes, (cosa que también proporciona un favor

decorativo muy destacable). Otra forma es en la nevera, si el ambiente donde vive es muy
húmedo, y finalmente, en un sitio oscuro y seco.
También es posible pelarlos y guardarlos en conserva con aceite, que puede añadirle un
importante valor comestible y aromático a las comidas, prolongando la vida útil de
nuestros ajos e incluso creando la posibilidad de regalarlos como un detalle casero muy
interesante ¡A disfrutar!
Fuente original: https://www.sembrar100.com/hortalizas-de-raiz/ajos/


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