PDF Archive

Easily share your PDF documents with your contacts, on the Web and Social Networks.

Share a file Manage my documents Convert Recover PDF Search Help Contact



MonteJurra Num 35 Marzo 1968.pdf


Preview of PDF document montejurra-num-35-marzo-1968.pdf

Page 1 2 3 45636

Text preview


LOS MÁRTIRES DE LA TRADICIÓN Y
LA ACTUAL MONARQUÍA TRADICIONAL
La fiesta de los mártires de la
Tradición, fue instituida por el Rey
Carlista Carlos VII, en memoria de
su abuelo Carlos V fallecido en el
destierro el 10 de marzo de 1855,
y, para recordar también piadosamente a cuantos dieron sus vidas
en holocausto de los principios tradicionales.

ca arranca la legitimidad del actual
Estado Español. En esta fecha histórica, tiene su base la actual Ley
de sucesión en la Jefatura del Esdo. En esta fecha histórica tiene
la legitimidad de origen y de ejercicio el actual Caudillaje, y por
ende, el Rey que en su día sea llamado a sustituirle. Cualquier otra
interpretación al problema sucesorio español, caería en el absurdo,
y absurdo es pensar en el contubernio de Munich, en los manifiestos de Lausanne, declaraciones de
Estoril y demás concomitancias
con la Internacional comunista.

Adquiere esta fiesta plenitud Nacional, por disposición del Gobierno de la Cruzada, sin duda alguna,
por la heroica aportación a la misma, de los sesenta y siete Tercios
de requetés que, cumpliendo la orden expresa de Don Javier de Borbón Parma, padre del Príncipe Carlos-Hugo, se incorporaron al Alzamiento Nacional, previo pacto con
el Ejército peninsular a través del
general don Emilio Mola Vidal, que
representaba al Director del Alzamiento, general Sanjurjo, confinado en Portugal por el gobierno republicano.

Los carlistas, se manifiestan por
un Rey, que cuando lo sea —cumplidas las previsiones sucesorias—
sepa convocar ante sí, a todos los
estamentos del pueblo y hacerles
saber que no mandarán los unos
ni los otros, sino que gobernará el
Rey para el bien común, según la
voluntad de las Cortes representativas. No admiten reyes que sirven
de instrumento para el provecho
personal de camarillas palaciegas.

Los carlistas, llevaban más de
un siglo propugnando el sistema
de democracia orgánica, a través
de la monarquía tradicional, principios opuestos a los sostenidos y
practicados por la monarquía liberal, extranjerizante y parlamentaria.
Así, en 1833 comenzó la primera guerra carlista frente a los llamados «isabelinos», que arrebataron la legítima sucesión en el trono a Carlos V. hermano de Fernando VII y tío de Isabel II. La ayuda
e influencia extranjera, no sólo material sino ideológica en favor de
los isabelinos durante el pasado
siglo, contribuyó a que los principios carlistas no imperasen en España.
Ello no fue obstáculo para que
por toda la geografía patria, generación tras generación, continuasen vivos esos brotes de sanos
principios patrióticos, adquiriendo
su mayor relieve en la epopeya
del «18 de julio», en la que los
carlistas constituyeron una fuerza
de choque que mereció al admiración del mundo entero.
Si hoy España como forma de
gobierno, es una monarquía tradicional, católica, social y representativa, ratificada por aplastante
mayoría en Referendum Nacional,
no cabe la menor duda, que se debe a esos brotes de sanos principios tradicionales propugnados
desde hace más de un siglo por

CARLOS
los aguerridos carlistas, única
fuerza monárquica que pactó con
el Ejército para la salvación de la
Patria.
Se equivocan —a no dudarlo—
los que sostienen que la monarquía carlista está «mandada recoger». Confunden, ya por desconocimiento, ya por dudosa fe, esta
monarquía tradicional, católica social y representativa con la liberal, extranjerizante y parlamentaria que, por hueca y vacía de contenido, cayó para nunca más volver un «14 de abril». Esta última y
sus propugnadores, sí, que están
«mandados recoger», pues un siglo de intermitentes desastres,
con gabinetes relámpago, huelgas,
atentados, etc., es balance deplorable que ningún español con elemental sentido común, puede públicamente defender. Y los que la
defienden —que los hay—, lo hacen por vericuetos fantasmales,

VII
pensando sólo en sus desmedidas
ambiciones personales, en sus finanzas, en su poderío económico
y títulos de la Grandeza con total
ausencia de los indispensables
principios de la justicia social,
aleccionada por los Papas.
La monarquía propugnada por
los carlistas, es la del pueblo y para el pueblo; es la que, frente a
los partidos turnantes —de amarga memoria en España— sostiene
la consideración amplia y bien definida de la Familia, el Municipio,
la Región, el Sindicato y las Asociaciones como entes sociales intermedios entre el individuo y el
Estado, que representen suficiente
y auténticamente a aquél, y sean
capaces de dialogar con éste.
Junto con esa clase de Monarquía, los carlistas se manifiestan
por un Rey que él o sus ascendentes (ascendientes) preparasen el
«18 de julio». En esta fecha históri-

Estos amplios brotes carlistas,
tan arraigados por la geografía patria desde hace más de ciento cincuenta años, cautos y generosos,
mantienen sin subvenciones de
dentro ni de fuera, delegaciones locales en siete mil pueblos de España, y una masa propia de quinientos mil militantes, propensos
como en tantas ocasiones a que
los principios tradicionales y, más
concretamente, el espíritu del «18
de julio» no se tergiverse, mixtifique ni se adultere. Ello, en aras de
la paz y progreso de todos los ciudadanos; en aras de la igualdad de
oportunidades sin otra distinción
entre los hombres que la emanada
de sus virtudes, defectos y aptitudes recibidas del Creador.
Tienen los carlistas su reunión
anual «monstruo» en el histórico
«Montejurra», donde se concentran
decenas de miles de personas de
ambos sexos y edades, constituyendo la mayor concentración religiosa-patriótica, no sólo de ámbito nacional sino internacional.
Acuden de los distintos lugares
de la península y provincias de ultramar, y uno de sus lemas es:
¡Honor y gloria a los Mártires de
la Tradición; todos juntos en unión
por Dios, la Patria y el Rey Javier!
JUAN VELASCO PÉREZ